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Introducción correspondiente a la colección Los Vientos de Cambio De
tanto en tanto, a George Scithers, de la Asimov's, le gusta
publicar historias cortas y extravagantes, y de tanto en tanto a mí me
gusta escribir alguna. Así fue como escribí Muerte de un Foy, y se la
envié a George, consiguiendo a duras penas dejar de reír el tiempo
suficiente para cerrar el sobre. Haciendo algunas ligeras y delicadas observaciones sotto voce, envié la historia a Ed Ferman, del Magazine of Fantasy and Science Fiction, al que en adelante me referiré como F&SF. Afortunadamente, Ferman consiguió dejar de reír el tiempo suficiente para extender un cheque, y la historia apareció en el F&SF de octubre de 1980. |
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Era
extremadamente raro que un foy estuviera agonizando en la Tierra. Constituían
la clase social más alta de su planeta (cuyo nombre, en la mejor
aproximación que las gargantas terrestres pueden efectuar de sus sonidos,
se pronunciaba algo así como Sortibackenstrete), y eran virtualmente
inmortales. Todos
los foys, por supuesto, llegaban finalmente a la muerte voluntaria, y este
en particular había alcanzado tal extremo a causa de un desgraciado
asunto amoroso, si puede llamarse asunto amoroso al hecho que cinco
individuos mantengan un contacto mental de un año de duración, con fines
reproductivos. Aparentemente, él no había conseguido seguir manteniendo
el contacto después de varios meses de intentarlo, y eso había roto su
corazón..., o sus corazones, puesto que tenía cinco. Todos
los foys tenían cinco grandes corazones, y se especulaba acerca que era
eso precisamente lo que los hacía virtualmente inmortales. Maude
Briscoe, la más renombrada cirujana de la Tierra, deseaba esos corazones. —No
puede ser simplemente su número y tamaño, Dwayne —dijo a su ayudante
en jefe—. Tiene que tratarse de algo fisiológico o biológico. Tengo
que conseguirlos. —No
sé si podremos —dudó Dwayne Johnson—. He estado hablando largamente
con él, intentando pasar por encima del tabú de los foys respecto a la
desmembración después de la muerte. He tenido que jugar con el
sentimiento de tragedia que cualquier foy debe sentir ante la idea de
morir lejos de su hogar. Y he tenido que mentirle, Maude. —¿Mentirle? —Le
dije que, después de su muerte, celebraríamos un canto fúnebre en su
honor interpretado por el famoso coro dirigido por Harold J. Gassenbaum.
Le expliqué que, según las creencias terrestres, eso significaba que su
esencia astral sería impulsada instantáneamente de vuelta, a través del
hiperespacio, hasta su planeta natal de Sortib..., lo que sea. Todo ello,
por supuesto, siempre que firmara un documento permitiéndote a ti, Maude,
conseguir sus corazones para una investigación científica. —¡No
me digas que se ha creído todas esas estupideces! —exclamó Maude. —Bien,
ya conoces la moderna actitud consistente en aceptar los mitos y creencias
de los alienígenas inteligentes. No hubiera resultado educado por su
parte no creerme. Además, los foys sienten una profunda admiración hacia
la ciencia terrestre, y creo que este se ha sentido halagado debido a que
nosotros deseemos sus corazones. Me ha prometido tomar en consideración
mi sugerencia. Espero que se decida pronto, puesto que no puede vivir
mucho más de otro día o algo así, y debemos obtener su permiso según
las leyes interestelares; además, los corazones deben ser frescos, y...
Oh, ésa es su señal. Dwayne
Johnson entró en la habitación con una rapidez suave y silenciosa. —¿Sí?
—susurró, conectando discretamente la grabadora holográfica, por si el
foy deseaba conceder su permiso. El
amplio, nudoso y casi arbóreo cuerpo del foy yacía inmóvil en la cama.
Sus protuberantes ojos palpitaron (los cinco) cuando los alzó, cada uno
al extremo de su tallo, y los volvió hacia Dwayne. La voz del foy tenía
un tono extraño, y los bordes desprovistos de labios de su redonda boca
abierta no se movieron, pero las palabras se formaron perfectamente. Sus
ojos efectuaron el gesto foyano de asentimiento cuando dijo: —Entregue
mis grandes corazones a Maude, Dwayne. Desmémbreme a cambio del coro de
Harold. Dígale a todos los foys de Sortibackenstrete que pronto estaré
allí... |
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