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“Una
sola vez en toda la historia galáctica se descubrió una raza de seres
inteligentes.” Ligurn
Vier, Ensayos de historia |
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I |
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De:
Oficina de Provincias Exteriores. A:
Loodun Antyok, Administrador Público Jefe, A-8. Tema:
Supervisor Civil de Cefeo 18, Situación Administrativa como: Referencias: (a)
Decreto del Concejo 2.515, del año 971 del Imperio Galáctico, titulado
«Nombramiento de Funcionarios del Servicie Administrativo, Métodos para
el, Revisión de». (b)
Ordenanza Imperial, Ja 2374, fechada 243/ 975 G. E. 1.
En virtud de la referencia (a) queda usted nombrado por la presente para
el cargo aludido en el tema. La jurisdicción del citado cargo de
supervisor civil de Cefeo 18 se extenderá sobre los vasallos no-humanos
del emperador que vivan en el planeta bajo las cláusulas de autonomía
expresadas en la referencia (b). 2.
Los deberes del cargo del tema abarcarán la supervisión general de todos
los asuntos internos no-humanos, la coordinación de los comités
investigadores e informadores autorizados por el Gobierno, y la preparación
de informes semestrales sobre todas las fases de asuntos no-humanos. C.
Morly, jefe de la O. de P. E., 12/977 G. E, |
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Loodun
Antyok había escuchado muy atento, y ahora sacudía blandamente la
redonda cabeza. —Amigo,
me gustaría ayudarle; pero ha cogido por los cuernos al toro que no debía
coger. Será mejor que lleve este asunto a la Oficina. Tomor
Zammo volvió a derrumbarse sobre el sillón y se frotó furiosamente el
pico que tenía por nariz, se pensó mejor lo que iba a decir y, en su
lugar, respondió sosegadamente: —Sería
lógico, pero no práctico. Ahora no puedo hacer un viaje a Trantor. Usted
es el representante de la Oficina en Cefeo 18. ¿Está completamente
inerme? —Pues,
hasta como supervisor civil, tengo que moverme dentro de los límites de
la política de la Oficina. —Bien
—gritó Zammo—, entonces dígame qué política sigue la Oficina. Soy
jefe de un comité investigador científico, bajo autorización imperial
directa y se me supone investido de los poderes más amplios; sin embargo,
a cada recodo del camino me veo detenido en seco por las autoridades
civiles, que no saben sino soltarme el grito de loro de «política de la
Oficina» para justificarse. ¿Qué es política de la Oficina? Todavía
no me han dado una definición aceptable. La
mirada de Antyok permanecía directa e inalterada. —Tal
como yo lo veo —dijo—, y esto no es oficial, de modo que no me lo
puede exigir luego, la política de la Oficina consiste en tratar a los
no-humanos lo más decentemente que se pueda. —Entonces,
¿qué autoridad tienen...? —¡Ssssttt!
No sirve de nada levantar la voz. La verdad es que Su Majestad Imperial es
muy humanitario discípulo de la filosofía de Aurelion. Puedo decirle por
lo bajo que se sabe muy bien que fue el emperador en persona el primero en
sugerir que se estableciera este mundo. Puede usted apostar a que la política
de la Oficina se sujetará muy estrictamente a las ideas imperiales. Y
también puede apostar a que yo no puedo navegar contra esa clase de
corriente. —Bien,
hijo mío —los carnosos párpados del fisiólogo retemblaron—, si
adopta esa actitud, perderá el puesto. No, no mandaré que le echen. No
insinuaba tal cosa, ni mucho menos. Simplemente, el puesto se disipará
debajo de sus pies, ¡porque aquí no se hará absolutamente nada! —¿De
veras? ¿Por qué? —Antyok era bajo, rosado y regordete, y a su
mofletuda cara solía serle difícil mostrar otra expresión que la de una
blanda y alegre cortesía... pero ahora estaba muy serio. —Usted
no lleva mucho tiempo aquí. Yo, sí —Zammo frunció el ceño—. ¿Le
molestará que fume? —sostenía en la mano un cigarro nudoso y duro, y
lo encendió despreocupadamente a fuertes chupadas. Después continuó en
tono áspero—: Aquí no caben humanitarismos, gobernador. Usted trata a
los no-humanos como si fueran humanos, y esto no le resultará bien. En
realidad, no me gusta la palabra «no-humanos». Son animales. —Son
inteligentes —adujo mansamente Antyok. —Bueno,
animales inteligentes, pues. Presumo que los dos términos no se excluyen.
Sea como fuere, inteligencias distintas mezcladas en un mismo terreno no
pueden dar buenos resultados. —¿Propone
que los matemos a todos? —¡No,
Galaxia! —Hizo un ademán con el cigarro—. Propongo que los miremos
como objetos de estudio, y solamente eso. Si se nos permitiera, podríamos
aprender muchas cosas de esos animales. Conocimientos, permítaseme señalar,
que se podrían aprovechar en beneficio inmediato de la raza humana. Ahí
tiene usted humanidad. Ahí tiene el bien de las masas, si le interesa el
culto invertebrado de Aurelion. —¿A
qué se refiere, por ejemplo? —Para
citar lo más obvio... habrá oído hablar de su química, supongo. —Sí
—reconoció Antyok—. He hojeado la mayoría de comunicaciones de los
no-humanos publicadas en los diez últimos años. Espero hojear otras. —Humm.
Bueno... Entonces, todo lo que debo decir es que su terapia química es
muy completa. Por ejemplo, he sido testigo presencial, de la curación de
un hueso fracturado, lo que se entiende por hueso fracturado entre ellos,
empleando una píldora. El hueso quedó entero y sano en quince minutos.
Naturalmente, ninguna de sus drogas causaría un beneficio a los humanos.
La mayoría nos matarían rápidamente. Pero si descubriésemos cómo actúan
en los no-humanos... en los animales... —Sí,
sí. Comprendo la importancia que tendría. —Ah,
¿lo comprende? Eso me halaga. Un segundo punto es el de que esos animales
se comunican de una manera desconocida. —¡Por
telepatía! Los
labios del científico se contorsionaban mientras iba repitiendo: —¡Telepatía!
¡Telepatía! ¡Telepatía! Lo mismo podría haber dicho mediante una poción
de bruja. Nadie sabe nada de la telepatía salvo su nombre. ¿Cuál es el
mecanismo de la telepatía? ¿Cuáles son sus elementos fisiológicos y psíquicos?
Me gustaría descubrirlo, pero no puedo. Si he de escucharle a usted, la
política de la Oficina lo prohíbe. —Oiga...
Perdóneme, doctor, pero no le entiendo bien. ¿Cómo se lo impiden?
Seguro que la Administración Civil no ha intentado siquiera obstaculizar
la investigación científica sobre esos no-humanos. Por supuesto, no
puedo responder enteramente de lo que hiciera mi antecesor; en cuanto a mí... —No
se ha producido ninguna interferencia directa. No aludía a eso. Pero, ¡por
la Galaxia, gobernador! Nos ata las manos el espíritu de todo el montaje.
Ustedes nos mandan que los tratemos como a seres humanos. Les permiten que
tengan su jefe propio y una autonomía interna. Los miman y les conceden
lo que la filosofía de Aurelion llamaría «derechos». Yo no puedo
tratar con su jefe. —¿Por
qué no? —Porque
se niega a darme carta blanca. No nos permite realizar experimentos con un
sujeto, cualquiera que sea, sin el consentimiento de éste. Los dos o tres
voluntarios que conseguimos nunca fueron demasiado brillantes. Es una
situación imposible. Antyok
levantó los hombros desamparado. Zammo continuó: —Por
añadidura, es absolutamente imposible aprender nada que valga la pena
sobre el cerebro, la fisiología y la química de esos animales si no
podemos echar mano de disecciones, experimentos dietéticos y drogas. Ya
sabe, gobernador, la investigación científica es un juego duro. El
humanitarismo no tiene mucha cabida en ella. Loodun
Antyok se daba unos golpecitos en el mentón con índice dubitativo. —¿Tan
difícil ha de ser? Esos no-humanos son criaturas inofensivas. Seguramente
la disección... Quizá si usted los abordara de otra manera... Tengo la
sospecha de que se gana su enemistad. Quizá adopte una actitud un tanto
despótica. —¡Despótica!
Yo no soy uno de esos psicólogos lloriqueantes tan en boga estos días.
No creo que se pueda resolver un problema que requiere disecciones enfocándolo
con lo que se suele llamar la «actitud personal acertada», según la
jerga de la época. —Lamento
que piense así. A todos los administradores de categoría superior a A-4
se les exige una formación socio-psicológica. Zammo
se quitó de la boca el pedazo de cigarro que tenía, y volvió a metérselo
después del adecuado intervalo despectivo. —Entonces,
convendrá que emplee un poco de su técnica en la Oficina. Ya sabe, yo
tengo amigos en la corte imperial. —Bueno,
vamos, no puedo ir a plantearles el asunto así por las buenas. La política
fundamental no entra en mi jurisdicción, y estas cosas sólo las puede
iniciar la Oficina. Pero, ya sabe, podríamos ensayar un método
indirecto. —Con una leve sonrisa, añadió—: Estrategia. —¿De
qué clase? Antyok
levantó de pronto un índice, mientras dejaba caer ligeramente la otra
mano sobre las hileras de informes encuadernados en gris apilados junto a
su sillón. —Pues
mire, los he repasado casi todos. Son aburridos, pero contienen algunos
hechos. Por ejemplo, ¿cuándo nació el último ser no-humano en Cefeo
18? Zammo
meditó muy poco. —No
lo sé. Y no me importa. —Pero
a la Oficina, sí. En Cefeo 18 no ha nacido ni un solo niño no-humano...
en los dos años que hace que se ha establecido este mundo. ¿Sabe usted
la causa? El
fisiólogo se encogió de hombros. —Hay
demasiados factores involucrados. Habría que estudiarlo. —De
acuerdo, pues. Supongamos que usted redacta un informe... —¡Informes!
He escrito veinte. —Redacte
otro. Haga resaltar los problemas no resueltos. Dígales que tiene que
cambiar de métodos. Exponga el problema del promedio de nacimientos. La
Oficina no se atreverá a ignorarlo. Si los no-humanos mueren, alguien
tendrá que responder ante el emperador. Usted ve que... Zammo
le miró fijamente, con ojos sombríos» —¿Con
eso moveremos el caso? —Hace
veintisiete años que trabajo para la Oficina. Sé cómo funciona. —Lo
pensaré —Zammo se levantó y salió con paso gallardo. La puerta se
cerró de golpe detrás de él. Horas
después, Zammo la decía a un colaborador suyo; —Antes
que nada, es un burócrata. Nunca abandonará las ortodoxias del papeleo
ni se atreverá a jugarse el pellejo. Hará muy poca cosa por sí mismo;
aunque quizá haga algo más si lo utilizamos como conducto. |
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De:
Cuartel General Administrativo, Cefeo 18. A: O. de P. E. Tema:
Proyecto 2.563 de Provincias Exteriores, Parte II - Investigación Científica
de no-humanos en Cefeo 18, Coordinación de la. Referencias: (a)
Carta de la O. de P. E. Cef-N-CM/jg, 100.132, fechada en 302/975 G. E. (b)
Carta Ad. C. G.-Cef 18. AA-LA/mn, fechada en 140/977 G. E. Contenido: 1.
Grupo Científico 10 División de Física y Bioquímica, informe titulado
«Características fisiológicas de los no-humanos de Cefeo 18, Parte XI»,
fecha 172/977 G. E 2.
El contenido 1, incluido en la presente, lo enviamos para información de
la O. de P. E. Conviene observar que la Sección XII, párrafos 1-16 del
Cont. 1, se refiere a posibles cambios en la política actual de la O. de
P. E, en relación a los no-humanos, en vistas a facilitar investigaciones
físicas y químicas en la actualidad, procediendo bajo la autorización
de la referencia (a). 3.
Se somete a la consideración de la O. de P. E. que la referencia (b) ha
discutido ya posibles cambios en los métodos de investigación y que Ad.
C. G.-Cef 18 sigue opinando que tales cambios son prematuros todavía. A
pesar de todo, sugiere que la cuestión del promedio de nacimientos de
no-humanos sea objeto de un proyecto de la O. de P. E. asignado a Ad. C.
G.-Cef 18 en vista de la importancia que el Grupo Científico ha concedido
al problema, como se evidencia en la Sección V del Contenido 1. L.
Antyok, Superv. Ad. C. G.-Cef 18, 174/977 |
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De:
O. de P. E. A:
Ad. C. G.-Cef 18. Tema:
Proyecto 2.567 Provincia Exterior - Investigaciones Científicas de los
no-humanos de Ce-feo 18, Coordinación de. Referencia: (a)
Carta Ad. C. G.-Cef 18. AA-LA/mn, fecha 174/977 G. E. 1.
En respuesta a la sugerencia contenida en el párrafo 2 de la referencia
(a) se considera que la cuestión del promedio de nacimientos de
no-humanos no cae dentro de la jurisdicción de Ad. C. G.-Cefeo 18. En
vista del hecho de que el Grupo Científico 10 ha informado de que la
pretendida esterilidad puede ser debida probablemente a deficiencias químicas
del suministro de alimento, todas las investigaciones a realizar en este
campo quedan confiadas al Grupo Científico 10 como propiamente
autorizado. 2.
Las tareas de investigación de los diversos Grupos Científicos continuarán
de acuerdo con las normas actuales sobre la cuestión. No se prevé ningún
cambio de política. C.
Morily, jefe de O. de P. E., 786/977 G. B. |
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II |
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El
periodista, por flaco y desgarbado en los gestos, parecía sombríamente
alto. Se llamaba Gustiv Bannerd, y su fama iba acompañada de una auténtica
capacidad... dos cosas que no siempre andan juntas, a pesar de las máximas
de la moral elemental. Loodun
Antyok le tomó las medidas con recelo y dijo: —De
nada serviría negar que tiene usted razón. Pero el informe del Grupo
Científico tenía carácter confidencial. No comprendo cómo... —Se
filtró —concluyó Bannerd, empecinado—. Todo se filtra. Antyok
estaba claramente desconcertado; su rosado semblante se arrugaba
levemente. —Entonces,
tendré que tapar el agujero que hay aquí. No puedo dar paso libre a su
crónica. Tiene que eliminar primero toda alusión a quejas del Grupo
Científico. Usted lo comprende, ¿verdad? —No
—Bannerd estaba sobradamente tranquilo—. Es una cosa importante, y yo
tengo mis derechos, según el decreto imperial. Yo creo que el Imperio
debería saber lo que pasa. —Es
que no pasa —replicó Antyok, desesperado—. Todo lo que usted alega es
falso. La Oficina no cambiará de política. Le he enseñado las cartas. —¿Cree
que puede enfrentarse a Zammo cuando presiona con toda su fuerza?
—preguntó burlonamente el periodista. —Lo
haré..., si le creo equivocado. —¡Sí!
—puntualizó Bannerd llanamente. Luego, con súbita vehemencia, dijo—:
Antyok, el Imperio tiene una cosa muy importante aquí; una cosa mayor de
lo que el Gobierno parece advertir. Y la están destruyendo. Están
tratando a esas criaturas como animales. —En
verdad... —empezó Antyok en tono débil. —No
me hable de Cefeo 18. Es un parque zoológico. Es un zoo de primera clase,
donde sus anquilosados científicos atormentan a esas pobres criaturas
pinchándolas con palos por entre los barrotes. Ustedes les echan comida;
pero al mismo tiempo las tienen en jaulas. ¡Lo sé! Hace dos años que
son el tema de mis reportajes. Casi estuve viviendo con ellas. —Zammo
dice... —¡Zammo!
—repitió el periodista con desprecio. —Zammo
dice —insistió Antyok con atormentada firmeza— que en realidad los
tratamos demasiado como a seres humanos. Las
largas y rectas mejillas del periodista se tensaron. —Zammo
es más bien pariente de los animales, por derecho propio. Es un fanático
de la ciencia. Nos pasaríamos con unos cuantos menos como él. ¿Ha leído
usted las obras de Aurelion? Esta
última pregunta la espetó de modo súbito. —Humm.
Sí. Comprendo al emperador... —El
emperador se inclina hacia nosotros. Lo cual es bueno... mucho mejor que
montar la persecución del último reino. —No
sé adonde se encamina usted. —Esos
extraños pueden enseñarnos muchas cosas. ¿Comprende? Cosas que no les
sirven de nada a Zammo y a su Grupo Científico; no son telepatía, no son
química. Son una manera de vivir y de pensar. Los extraños no tienen
delincuentes, no tienen inadaptados. ¿Qué esfuerzo se está llevando a
cabo para estudiar su filosofía? ¿O para aprender de ellos en cuanto a
planificación social? Antyok
se puso pensativo; se le alisó la rolliza cara. —Es
una consideración interesante. Sería un problema para psicólogos... —Ni
pensarlo. La mayoría son unos charlatanes. Los psicólogos señalan
problemas; pero dan soluciones falaces. Necesitamos hombres de Aurelion.
Hombres de la Filosofía... —Pero
oiga, no podemos convertir a Cefeo 18 en... en un estudio metafísico. —¿Por
qué no? Puede hacerse fácilmente. —¿Cómo? —Olvídese
de la observación de tubos de ensayo. Permita que los extraños organicen
una sociedad libre de humanos. Concédales una independencia sin trabas y
permita una mezcla de filosofías... Antyok
dejó oír su nerviosa réplica: —Esto
no se puede hacer en un día. —Pero
podemos empezar en un día. El
gobernador dijo pausadamente: —Bien,
yo no puedo impedirle que lo intente —se puso confidencial; sus mansos
ojos se volvieron pensativos—. De todos modos, si publica el informe del
Grupo Científico 10 y lo denuncia fundándose en motivos humanitarios,
usted mismo se segará la hierba bajo los pies. Los científicos son gente
poderosa. —Y
nosotros, los de la Filosofía, también. —Sí,
pero hay un camino fácil. No es necesario que despotrique. Sencillamente,
haga notar que el Grupo Científico no resuelve sus problemas. Hágalo sin
sentimentalismos y deje que los lectores mediten el punto de vista de
usted por sí mismos. Coja el problema del promedio de nacimientos, por
ejemplo. Ahí tiene algo interesante. Por todo lo que la ciencia es capaz
de hacer los no-humanos pueden extinguirse en una generación. Señale que
se necesita un enfoque más filosófico O escoja algún otro punto
evidente Utilice su propio buen criterio, ¿eh? —Antyok dirigía una
sonrisa conciliadora al periodista, al mismo tiempo que se levantaba—.
Pero, por amor de la Galaxia, no promueva un asunto feo. Bannerd
estaba rígido y poco asequible. —Quizá
tenga razón. Más
tarde, Bannerd escribía a su amigo, en un mensaje por cápsula: «No es
inteligente, en modo alguno. Está desorientado; no tiene una línea que
le guíe por la vida. Sin duda, es perfectamente incompetente para su
puesto. Pero es maniobrero y hombre de componendas; sortea las
dificultades mediante compromisos y prefiere hacer concesiones que adoptar
una postura inflexible. En este sentido, puede ser valioso. Tuyo en
Aurelion.» |
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De: Ad. C. G.-Cef 18. A: O. de P. E. Tema:
Promedio de nacimientos de no-humanos en Cefeo 18, Reportaje sobre el. Referencias: (a)
Carta Ad. C,
G.-Cef 18. AA-LA/mn, fecha 174/977
G. E. (b)
Decreto Imperial, Ja 2374, fechado en 243/ 975 G. E. Contenido: 1-G.
Reportaje de Bannerd, fechado en Cefeo 18, 201/977 G. E. 2-G.
Reportaje de Bannerd, fechado en Cefeo 18, 203/977 G. E. 1.
La esterilidad de los no-humanos de Cefeo 18, comunicada a la O de P E. en
la referencia (a) ha sido tema de reportajes periodísticos de la prensa
galáctica. Dichos reportajes van incluidos en la presente para información
de la O. de P. E. como Contenidos 1 y 2. Aunque los mencionados reportajes
se fundan en material considerado confidencial y no abierto al público,
el citado reportero defendió su derecho de libre expresión según los términos
de la referencia (b). 2.
En vista de la publicidad inevitable y de las malas interpretaciones,
también ahora inevitables, por parte del público en general, solicitamos
que la O. de P. E. indique la política futura sobre el problema de la
esterilidad de los no-humanos. L.
Antyok, Superv. Ad. C. G.-Cef 18, 209/977 G. E. |
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De:
O. de P. E. A: Ad. C. G.-Cef 18. Tema:
Promedio de nacimientos de no-humanos en Cefeo 18, Investigación del. Referencias: (a)
Carta Ad. C. G.-Cef 18. AA-LA/mn, fecha 209/977 G. E. (b)
Carta Ad. C. G.-Cef 18. AA-LA/mn, fecha 174/977 G. E. 1.
Se tiene el propósito de investigar las causas y los medios de evitar el
desfavorable fenómeno en el ritmo de nacimientos mencionado en las
referencias (a) y (b). Por ello se ha montado un plan titulado «Promedio
de nacimientos de no-humanos en Cefeo 18, Investigación del», al cual,
en vista de la importancia crucial del asunto, se le ha concedido una
prioridad AA. 2.
El número asignado al plan en cuestión es el 2.910, y todos los gastos
que depare se cargarán a la Asignación número 18/78. C.
Morily, jefe O. de P. E., 223/977 G. E. |
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III |
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Si
el mal humor de Tomor Zammo disminuyó dentro de los terrenos de la Estación
Experimental del Grupo Científico 10, su amabilidad, en cambio, no había
mejorado. Antyok se hallaba de pie, en solitario, junto a la ventana de
observación del laboratorio principal. Este
laboratorio principal de campo era un espacioso patio dotado con el medio
ambiente propio de Cefeo 18 para incomodidad de los experimentadores y
conveniencia de los experimentados. Por la ardiente arena y a través del
aire, seco y rico en oxígeno, resplandecía el fulgor de los cálidos y
blancos rayos solares. Bajo aquel fuego, los no-humanos, unos seres
rojo-ladrillo, membrudos y de piel arrugada, se amontonaban posados sobre
los cuartos traseros, en postura de descanso de uno en uno, o de dos en
dos. Zammo
salía del laboratorio y se detuvo, sediento, a beber un poco de agua;
luego levantó la vista. El labio superior, mojado, le relumbraba. —¿Le
gustaría entrar ahí dentro? Antyok
movió la cabeza negativamente, muy resuelto. —No,
gracias. ¿A qué temperatura están en este momento? —A
cincuenta y cuatro grados centígrados, si hubiera sombra. Y se quejan de
frío. Es la hora de beber. ¿Quiere ver cómo beben? Del
surtidor del centro del patio brotó un chorro de agua y las figurillas de
los extraños se pusieron en pie inseguras y arrancaron a correr a saltos,
vivamente, a un trote medio muy elástico. Después se arremolinaron junto
al agua, empujándose unos a otros. El centro de sus rostros quedó
desfigurado de pronto por la proyección de un tubo carnoso largo y
flexible, que introducían en el chorro y lo retiraban goteando. La
maniobra se prolongó varios minutos. Los cuerpos se hinchaban; las
arrugas desaparecían. Los no-humanos se retiraban poco a poco, caminando
hacia atrás, con el tubo aspirador entrando y saliendo de sus rostros,
antes de quedar reducido por fin a una masa rosada, arrugada, encima de
una boca ancha y sin labios. Entonces fueron a tenderse a dormir en
grupos, en los rincones sombreados, redondos y satisfechos. —¡Animales!
—exclamó Zammo con desprecio. —¿Cuántas
veces beben? —preguntó Antyok. —Cuantas
quieren. Pueden aguantar una semana sin beber, si es preciso. Nosotros los
abrevamos todos los días. Tienen el depósito de reserva debajo de la
piel. Comen al atardecer. Ya sabe, son vegetarianos. Antyok
sonrió satisfecho. —Es
bonito procurarse un poco de información de primera mano de vez en
cuando. No puedo pasarme todo el tiempo leyendo informes. —¿Es
bonito? —sin darle importancia añadió—: ¿Qué noticias hay? ¿Qué
hay de los muchachos con pantaloncitos de encaje de Trantor? Antyok
alzó los hombros, dubitativo. —Por
desgracia, no conseguimos que la Oficina dé una respuesta clara. Como el
emperador simpatiza con los aurelionistas, el humanitarismo está a la
orden del día. Ya lo sabe usted. Hubo
una pausa durante la cual el gobernador se mordía el labio, indeciso. —Además,
ahora tenemos este problema del promedio de nacimientos. Ya sabe, al final
lo han asignado a Ad. C. G., y con prioridad doble A, encima. Zammo
refunfuñó algo, en voz baja. Antyok dijo: —Es
posible que usted no se dé cuenta, pero ese proyecto tendrá preferencia
sobre todos los demás trabajos que se lleven a cabo en Cefeo 18. Es
importante. —En seguida se volvió hacia la ventana de observación e
inquirió pensativamente, sin el menor asomo de preámbulo—: ¿Cree
usted que esas criaturas pueden ser desdichadas? —¡Desdichadas!
—explotó Zammo. —Bueno,
pues —se apresuró a rectificar Antyok—, mal ambientadas. ¿Me
entiende? Es difícil procurar un medio ambiente propicio a una raza de la
que sabemos tan poco. —Oiga,
¿ha visto alguna vez el mundo de donde las trajimos? —He
leído los informes... —¡Informes!
—dijo con infinito desprecio—. Yo lo he visto. A usted, esto de ahí
quizá le parezca un desierto; pero para esos diablos es un paraíso
rezumante. Tienen todo el alimento y toda el agua que pueden engullir.
Tienen un mundo para ellos solos, con vegetación y cursos de agua
naturales, en lugar de un terrón de sílice y granito metido en cavernas
para hacer crecer en él, a la fuerza, unos hongos, y en lugar de obtener
agua calcinando yeso. Antes de diez años habrían muerto todos, no habría
quedado una sola de esas bestias. Nosotros las hemos salvado. ¿Desdichadas?
Pu-a-a-a, si lo son no tienen la mitad de decencia que la mayoría de los
animales. —Bueno,
quizá. Sin embargo, se me había ocurrido una idea. —¿Una
idea? ¿Qué idea? —Zammo sacó un cigarro. —Quizá
ustedes podrían sacarle provecho. ¿Por qué no estudiar a esas criaturas
de una manera más integrada? ¿Por qué no dejar que desarrollen su
propia iniciativa? Al fin y al cabo, tenían una ciencia altamente
evolucionada. Los informes la mencionan muy a menudo. Denles problemas que
solucionar. —¿Como
por ejemplo...? —Oh...
oh —Antyok agitaba las manos desamparado—. Los que ustedes crean más
provechosos. Por ejemplo, naves espaciales. Métanlas en el cuarto de
control y estudien sus reacciones. —¿Por
qué? —Porque
la reacción de sus mentes ante instrumentos y controles adaptados al
temperamento humano puede enseñarles muchísimo a ustedes. Además, creo
que resultaría un aliciente más efectivo que todos los que han empleado.
Conseguirá más voluntarios, entre esos extraños, si piensan que van a
realizar un trabajo interesante. —Ya
está saliendo el psicólogo que hay en usted. Humm. De momento, la idea
parece mejor de lo que resultará, sin duda, en la realidad. Consultaré
con la almohada. ¿Y dónde conseguiría el permiso, en todo caso, para
dejarles manejar naves espaciales? No tengo ninguna a mi disposición, y
seguramente, recorrer toda la cadena burocrática para que nos dieran una,
requeriría mucho papeleo. Antyok
meditaba; la frente se le arrugó ligeramente. —No
han de ser forzosamente naves espaciales. A pesar de todo... si usted
quisiera redactar otro informe y hacer la sugerencia como por propia
iniciativa... insistiendo en ella, ¿comprende?... quizá encontrase la
manera de enlazarla con mi proyecto sobre la natalidad. Con una prioridad
doble A se obtiene prácticamente todo lo que se quiere, ya sabe, no hay
preguntas. Zammo
manifestó una falta de interés casi desconsiderada. —Bueno,
quizá. Entretanto, tengo en marcha unas pruebas sobre el metabolismo
basal, y se me hace tarde. Lo pensaré. No deja de ser una idea. |
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De: Ad. C. G.-Cef 18. A:
O. de P. E. Tema:
Provincia Exterior Proyecto 2.910, Parte I - Promedio de nacimientos de
no-humanos en Cefeo 18, Investigación del. Referencia: (a)
Carta O. de P. E. Cef-N-CM/car, 115.097, 223/977 G. E. Contenido: 1.
Grupo Científico 10 informe Físico y Bioquímico, Parte XV, fecha
220/977 G. E. 1.
Adjuntamos el contenido 1 para información de la O. de P. E. 2.
Dedicamos atención especial a la sección V, párrafo 3 del contenido 1
en el que se pide que se asigne una nave espacial al Grupo Científico 10
para utilizarla en investigaciones aceleradas autorizadas por la O. de P.
E. La Ad. C. G.-Cef 18 considera que tales investigaciones pueden servir
muy eficazmente para aumentar la efectividad del trabajo emprendido en el
proyecto del tema, autorizado por la referencia (a). En vista de que la O.
de P. E. ha concedido alta prioridad al proyecto del tema, se sugiere que
se tome inmediatamente en consideración lo que solicita el Grupo Científico. L.
Antyok, Superv. Ad. C. G.-Cef 18, 240/977 |
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De:
O. de P. E. A: Ad. C. G.-Cef 18. Tema:
Provincia Exterior, Proyecto 2.910 - Promedio de nacimientos de no-humanos
en Cefeo 18, Investigación del. Referencia: (a)
Carta Ad. C. G.-Cef 18. AA-LA/mn, fecha 240/977 G. E. 1.
La Nave de Entrenamiento AN-R-2.055 queda a disposición de Ad. C. G.-Cef
18 para emplearla en la investigación sobre los no-humanos de Cefeo con
respecto al tema del proyecto y otros autorizados de P. E., como se pedía
en el Contenido 1 para la referencia (a). 2.
Se pide urgentemente que se acelere por todos los medios posibles el
trabajo en el tema del proyecto. C.
Morily, jefe O. de P. E., 251/977 G. E. |
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IV |
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El
pequeño y rojizo ser debía de haber soportado más incomodidades de lo
que su porte quería admitir. Estaba cuidadosamente inmerso en una
temperatura que hacía andar a sus compañeros humanos con la camisa
desabrochada y sudando a mares. Tenía
una voz aguda y una expresión cuidada: —A
esta temperatura tan baja, el ambiente me parece húmedo, aunque no hasta
un extremo insoportable. Antyok
sonreía. —Ha
sido muy amable viniendo; pero una prueba realizada en la atmósfera que
tenían ustedes allá... —la sonrisa se había vuelto triste. —No
importa. Ustedes, los habitantes del otro mundo, han hecho por nosotros más
de lo que supimos hacer nunca nosotros mismos. Es un favor al que yo sólo
correspondo muy imperfectamente al soportar alguna incomodidad —siempre
parecía expresarse de una manera indirecta, como si enfocara los
pensamientos de costado, como si hablar lisa y llanamente fuese contrario
a la etiqueta. Gustiv
Bannerd, sentado en un ángulo de la habitación, con una larga pierna
cabalgando sobre la otra, movía la pluma ágilmente, y dijo: —¿Verdad
que no les molestará que tome nota? El
cefeidano no-humano dirigió una breve mirada al periodista: —No
tengo inconveniente. Antyok
insistía en dar explicaciones: —Ahora
no se trata de una simple visita de sociedad, señor. No le habría
sometido a ninguna molestia para eso solamente. Hay problemas importantes
que considerar, y usted es el jefe de su pueblo. —Estoy
convencido de que le animan a usted muy buenas intenciones —respondió
el cefeidano, moviendo la cabeza afirmando—. Tenga la bondad de
continuar. El
gobernador tenía serias dificultades para traducir sus pensamientos en
palabras. —Es
un asunto —dijo— muy delicado y que no abordaría nunca, si no fuese
por la grandísima importancia de la... humm... de la cuestión. Yo soy únicamente
el portavoz de mi Gobierno... —Mi
pueblo considera que el Gobierno del otro mundo es muy bondadoso. —Pues,
sí, son bondadosos. Por esta razón los acongoja el hecho de que el
pueblo de usted ya no se reproduzca. Antyok
hizo una pausa y aguardó con ansiedad una reacción que no se produjo. La
cara del cefeidano permanecía inmóvil, a excepción del leve y
tembloroso movimiento del arrugado sector correspondiente al deshinchado
tubo de aspiración de líquidos. Antyok continuó: —Es
un asunto que no me decidía a plantear debido a sus aspectos
extremadamente personales. El principio fundamental de mi Gobierno en
estas materias es el de la no interferencia; por ello hemos hecho cuanto
hemos podido por estudiar el problema sin molestarles a ustedes. Pero,
francamente, hemos... —¿Han
fracasado? —terminó el cefeidano, advirtiendo la pausa del otro. —Sí.
O al menos, no hemos sabido descubrir ninguna deficiencia concreta al
reproducir el medio ambiente exacto del mundo de origen de ustedes; por
supuesto, con las modificaciones necesarias para hacerlo más habitable
todavía. Naturalmente, se piensa que debe existir alguna deficiencia química.
Por ello le suplico tenga la buena voluntad de ayudarnos en esta cuestión.
Su pueblo de usted está muy adelantado en el estudio de su propia bioquímica.
Si usted no quiere, o si prefiere no... —No,
no, puedo ayudarles —el cefeidano parecía muy animado en este sentido.
Las lisas superficies de su cráneo, sin pelo y con la piel suelta, se
arrugaban reaccionando de una manera singular a una emoción incierta—.
No es ésa una cuestión que ninguno de nosotros hubiera pensado que
pudiera acongojarles a ustedes, los habitantes del otro mundo. El hecho de
que así ocurra no es sino otra prueba más de su benévola amabilidad.
Este mundo de aquí nos parece un paraíso en comparación con el que
nosotros habitábamos. No falta nada. Las condiciones que se nos brindan
aquí sólo las conocíamos por las leyendas de nuestro Siglo de Oro. —Pues... —Pero
hay una cosa; una cosa que quizá usted no entienda. No podemos esperar
que inteligencias distintas piensen del mismo modo. —Intentaré
comprender. La
voz del cefeidano se había dulcificado, aumentando en tonos bajos, líquidos:
—En
nuestro mundo de origen, nos moríamos; pero luchábamos. Nuestra ciencia,
desarrollada a lo largo de una historia más antigua que la de ustedes,
perdía el combate; pero aún no lo había perdido del todo. Quizá se
debiera a que nuestra ciencia era fundamentalmente biológica, antes que física
como la de ustedes. Su pueblo descubrió nuevas formas de energía y
alcanzó las estrellas. Nuestro pueblo descubría verdades nuevas en el
campo de la sicología y la psiquiatría y edificaba una sociedad
laboriosa, libre de enfermedades y delitos. »No
es necesario que nos preguntemos cuál de los dos enfoques merece más
elogio; pero no cabe ninguna duda acerca de cuál cosechó al final los
mayores triunfos. En nuestro mundo agonizante, sin medios de vida ni
fuentes de energía, nuestra ciencia biológica no podía hacer otra cosa
que dulcificar la muerte. »Y
sin embargo, luchábamos Desde hacía siglos nos abríamos camino,
tanteando y volviendo a tantear, hacia la energía atómica, y poco a poco
empezaba a brillar la chispa de la esperanza de que conseguiríamos vencer
los límites bidimensionales de nuestra superficie planetaria y alcanzaríamos
las estrellas. En nuestro sistema no había otros planetas que nos
sirvieran de etapas. No teníamos nada hasta la estrella más próxima,
que distaba unos veinte años-luz, y no teníamos idea de la posibilidad
de que existieran otros sistemas planetarios, sino que más bien nos
inclinábamos por creerlo al revés. »Pero
todo tipo de vida tiene tendencia a sobrevivir, aunque sea inútilmente.
En los últimos días ya sólo quedábamos cinco mil. Cinco mil, nada más.
Y nuestra primera nave estaba lista. Una nave experimental. Seguramente
habría fracasado. De todos modos, habíamos deducido ya, acertadamente,
todos los principios de propulsión y navegación. Hubo
una larga pausa; los ojillos negros del cefeidano parecían vidriosos al
rememorar el pasado. —¿Y
entonces llegamos nosotros? —interpuso el periodista, desde su rincón. —Y
entonces llegaron ustedes —convino sencillamente el cefeidano—. Y todo
cambió. Energía la teníamos a pedir de boca. Disponíamos de un mundo
nuevo, a nuestra medida, un mundo ideal de verdad. Si los problemas
sociales los habíamos solucionado tiempo atrás nosotros mismos, nuestros
más difíciles problemas de medio ambiente nos los solucionaron otros, y
de un modo no menos completo. —¿Entonces?
—aguijoneó Antyok. —Entonces...
hubo algo que no marchaba bien. Nuestros antepasados habían luchado
siglos y siglos por alcanzar las estrellas, y entonces, de pronto, resultó
que pertenecían ya a otros. Habíamos luchado por la vida, y nos
encontramos con que la vida era un regalo que otros seres nos ponían en
las manos. Ya no hay motivo para luchar. Ya no hay nada que conseguir.
Todo el universo es propiedad de la raza de ustedes. —Este
mundo les pertenece —dijo afablemente Antyok. —Por
consentimiento. Es un regalo. No nos pertenece por derecho propio. —A
mi entender, ustedes se lo han ganado. El
cefeidano tenía los ojos clavados en el semblante del otro. —Usted
está cargado de buenas intenciones, pero dudo que lo comprenda. No
tenemos adonde ir, salvo este mundo que nos han regalado. La función de
la vida consiste en luchar, y esta función nos la han arrebatado. La vida
ya no puede interesarnos. No tenemos descendencia... porque no queremos.
Es nuestra manera de apartarnos del camino de ustedes. Distraídamente,
Antyok había sacado el fluoro-globo del asiento de la ventanilla y lo hacía
girar sobre la base. Al girar, la chillona superficie reflejaba luz, y su
mole, de casi un metro de altura, flotaba en el aire con gracia y ligereza
incongruentes. Después Antyok preguntó: —¿Es
la única solución que se les ocurre? ¿La esterilidad? —Otra
sería escapar —susurró el cefeidano—, pero ¿en qué lugar de la
Galaxia hay sitio para nosotros? Es toda de ustedes. —Efectivamente,
si quieren ser independientes no queda ningún lugar más próximo que las
Nubes de Magallanes. Las Nubes de Magallanes... —Y
ustedes no nos dejarían marchar. Lo hacen todo con buena intención, ya
lo sé. —Sí,
lo hacemos con buena intención... pero no podríamos dejarles marchar. —Es
una bondad equivocada. —Quizá;
pero ¿no podrían consolarse? Poseen un mundo. —Es
un fenómeno que no se puede explicar bien. Ustedes tienen mía mente
distinta. No podríamos consolarnos. Creo, gobernador, que ha pensado
sobre esto en otras ocasiones. El concepto de callejón sin salida en el
que nos sentimos atrapados no es nuevo para usted. Antyok
levantó la vista, estremecido, y con una mano detuvo el fluoro-globo. —¿Es
que me lee el pensamiento? —Es
sólo una suposición. Y acertada, me parece. —Sí...,
pero ¿puede leerme el pensamiento? El pensamiento de los seres humanos en
general, quiero decir. Es un punto interesante. Los científicos dicen que
no, pero a veces me pregunto si no será, sencillamente, que no quieren.
¿Puede contestarme? O quizá le retengo indebidamente. —No...,
no... —pero el pequeño cefeidano se envolvió mejor en el abrigo y
escondió el rostro, por un momento, en la esterilla del cuello, calentada
eléctricamente—. Ustedes, los del otro mundo, hablan de leer mentes.
No, no es eso, en absoluto; pero tampoco sabría explicar en modo alguno
qué es Antyok
musitó el antiguo proverbio: —No
se le puede explicar qué es la vista a un ciego de nacimiento. —Sí,
así es, exactamente. Ese sentido al que ustedes llaman muy
equivocadamente «leer el pensamiento» no se nos puede aplicar a nosotros
No se trata de que no podamos recibir las sensaciones adecuadas; se trata
de que ustedes no las transmiten, y nosotros no sabríamos explicarles la
manera de hacerlo. —Humm-mm-mm. —Naturalmente,
hay ocasiones, momentos de gran concentración mental o tensión emocional
por parte de uno de ustedes, en que algunos de nosotros, los más expertos
en este sentido, los de mirada más penetrante, por así decirlo,
descubrimos algo. Es una cosa incierta; sin embargo, yo mismo me he
preguntado a veces... Con
gran cuidado, Antyok volvió a poner el fluoro-globo en rotación. Su
rosado semblante parecía absorto en meditaciones, mientras sus ojos
permanecían fijos en el cefeidano. Gustiv Bannerd estiró los dedos y
releyó las notas tomadas, moviendo los labios en silencio. El
fluoro-globo seguía girando, y poco a poco parecía que el cefeidano se
iba poniendo tenso, mientras sus ojos se desviaban hacia el coloreado
tornasol de la frágil superficie del globo. —¿Qué
es eso? —preguntó al cabo de unos momentos. Antyok
tuvo un sobresalto; luego su rostro se distendió en una placidez casi de
risa —¿Esto?
Una moda galáctica de tres años atrás. Lo cual significa que este año
es ya una reliquia irremediablemente anticuada. Es un artificio
perfectamente inútil, pero bonito. Bannerd, ¿podría regular las
ventanas de modo que no haya transmisión? Se
oyó el leve chasquido de un contacto, y las ventanas se convirtieron en
curvadas regiones de oscuridad, mientras en el centro de la habitación el
fluoro-globo devenía súbitamente el foco de un resplandor rosáceo que
parecía saltar al exterior a oleadas. Antyok, figura escarlata en una
sala escarlata, colocó el globo sobre la mesa y lo hizo girar con una
mano que iba goteando en rojo. A medida que el fluoro-globo giraba, sus
colores iban cambiando, cada vez más de prisa, se mezclaban unos
instantes y luego se disociaban en contrastes más extremados. Antyok
hablaba en medio de una atmósfera imponente de arco iris fundido,
cambiante. —La
superficie es de un material que manifiesta una fluorescencia variable.
Casi no tiene peso, es extremadamente frágil, pero está equilibrado
giroscópicamente, de manera que, con la precaución normal, pocas veces
cae. Es bastante bonito, ¿no le parece? Se
oyó la voz del cefeidano que llegaba de algún punto de la sala: —Extremadamente
bonito. —Pero
ha dejado va de interesar; sigue existiendo después de haber pasado de
moda. La
voz del cefeidano sonaba abstraída: —Es
muy bonito. Bannerd,
ante un gesto de su jefe, iluminó la sala de nuevo, y los colores
desaparecieron. El cefeidano dijo: —He
ahí una cosa que a mi gente le gustaría. —Miraba el globo, fascinado. Antyok
se levantó. —Será
mejor que se vaya. Si se queda más tiempo, la atmósfera puede producirle
efectos perjudiciales. Le doy las gracias humildemente por su amabilidad. —Yo
se las doy humildemente a usted por la suya. —El cefeidano también se
había levantado. —Ah,
de paso —dijo Antyok—, la mayoría de su gente ha aceptado nuestro
ofrecimiento de dejarles estudiar la construcción de nuestras naves
espaciales. Supongo que usted comprende que nos proponíamos estudiar cómo
reaccionan ante nuestra tecnología. Confío que este proceder estará de
acuerdo con el sentido ético de usted. —No
es necesario que me dé excusas. Yo mismo tengo ahora las piezas de un
piloto humano. Ha sido muy interesante. Nos recuerda los trabajos que
nosotros habíamos hecho... y nos hace ver lo cerca que estábamos de la
meta. El
cefeidano se marchó, y Antyok se sentó, con el ceño fruncido. —Bueno
—le dijo a Bannerd, con acento algo tajante—. Confío que recordará
lo que hemos convenido. No puede publicar esta entrevista. —Muy
bien —respondió Bannerd, levantando los hombros. Antyok
continuaba en su sillón, jugueteando con la pequeña figurilla de metal
de la mesa escritorio. —¿Qué
opina sobre esta cuestión, Bannerd? —Esos
seres me dan lástima. Creo comprender su estado de ánimo. Hemos de
educarlos para que lo superen. La Filosofía puede lograrlo. —¿Lo
cree de veras? —Sí. —No
podemos dejarles marchar, claro está. —Oh,
no. Ni hablar. Nos queda demasiado que aprender de ellos. Esta sensación
que tienen ahora representa solamente una fase pasajera. Cambiarán de
parecer, sobre todo cuando les concedamos la independencia más completa. —Quizá.
¿Qué opina de los fluoro-globos, Bannerd? Le han gustado. Quizá deberíamos
encargar varios millares. La Galaxia sabe que por estos días infestan el
mercado, y están baratos. —Parece buena idea —asintió Bannerd. |