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No
cabía duda de que Montie Stein había robado, valiéndose de un fraude
inteligente, más de 100.000 dólares. Tampoco cabía la menor duda de
que le habían detenido al día siguiente de haber expirado el estatuto de
limitaciones. Fue su manera de evitar el arresto durante ese intervalo lo que
provocó el caso memorable del Estado de Nueva York contra Montgomery
Harlow Stein, con todas sus consecuencias. Introdujo la ley en la cuarta
dimensión. Porque
sepan ustedes que, después de cometer el fraude y apoderarse de cien de
los grandes o más, Stein entró tranquilamente en una máquina del tiempo
que poseía ilegalmente, y dispuso los controles hacia el futuro para
avanzar siete años y un día. El
abogado de Stein lo expuso con sencillez. Ocultarse en el tiempo no era
fundamentalmente diferente a ocultarse en el espacio. Si las fuerzas de
la ley no habían descubierto a Stein en el intervalo de esos siete años,
mala suerte para ellos. El fiscal del distrito señaló que el estatuto de limitaciones no
estaba pensado para que fuera un juego entre la ley y el criminal. Era una
medida de clemencia ideada para proteger al delincuente del miedo
indefinidamente prolongado al arresto. Para ciertos crímenes, determinado
período de aprensión a la aprehensión -por así decirse consideraba
castigo suficiente. Pero Stein, insistía el fiscal, no había sufrido período
de aprensión de ninguna clase. El abogado de Stein permaneció inconmovible. La ley no decía nada
sobre que hubiera que medir la magnitud del miedo y angustia del culpable.
Simplemente establecía un límite de tiempo. El fiscal del distrito dijo que Stein no había vivido hasta ese límite. La defensa afirmó que Stein era siete años más viejo que en el
momento del crimen, y que, por tanto, había vivido hasta ese límite. El fiscal del distrito recusó la afirmación y la defensa presentó el
certificado de nacimiento de Stein. Había nacido en el año 2973.
Cuando
cometió el delito, era el año 3004, tenía
treinta y un años. Ahora, en 3011, tenía treinta y ocho. El fiscal del distrito exclamó acalorado que Stein no tenía fisiológicamente
treinta y ocho años, sino treinta y uno. La defensa señaló fríamente que la ley, una vez que se admitía que
el individuo era mentalmente sano, reconocía tan sólo la edad cronológica,
que sólo se podía hallar restando la fecha de nacimiento a la fecha
presente. El fiscal, aún más acalorado, juró que si a Stein se le permitía
salir libre, la mitad de las leyes escritas en los códigos resultarían
inútiles. Entonces cambien las leyes, dijo la defensa, para tener en cuenta los
viajes en el tiempo. Pero hasta tanto se cambien, hay que aplicarlas como
están escritas. El juez Neville Preston tardó una semana en considerarlo,
y luego entregó su decisión. Marcó un hito decisivo en la historia
del Derecho. Es una pena, pues, que algunas personas sospechen que el juez
Preston se sintiera influido en su criterio por el irresistible impulso de
formular su decisión tal como lo hizo. Porque
esa decisión, en suma, fue: «A Stein le salva un nicho en el tiempo.» [1] |
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| Epílogo | ||||||
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Si
esperan que me excuse por esto es que no me conocen. Estimo que un juego
de palabras es la forma más noble del ingenio, así que... |
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[1] En inglés: A niche in the times saves Stein. Una distorsión del proverbio tradicional A stitch in time save nine (Más vale prevenir que curar; o, en su traducción literal "Una costura a tiempo ahorra nueve".) La inversión de iniciales se corresponde con la del título original del cuento ( A Loint of Paw en vez de A Point of Law, "Una cuestión judicial") |
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