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Hija querida: Bien sé que estás herida y confusa. Tus palabras de ayer trajeron honda inquietud a mi corazón, y no he logrado hacerte entender que tu problema no es el primero en la historia; que el mundo actual, aunque haya logrado muchos progresos, está hecho de personas, como el de antes, con los mismos sentimientos y las mismas ilusiones. Te entrego las cartas de tu abuela. Las recibió hace tiempo ya, en una etapa muy importante en su vida. Si lo deseas conversaremos después. Ojalá te ayuden. Te ama |
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Gentil María Ofelia: Debo pedir disculpas por el atrevimiento de dirigirme a usted en forma directa. Nos hemos tratado durante casi dos años pero en este momento no sé con quien debería hablar para solicitarla en matrimonio. Aunque en su casa no hay un hombre, lleva usted su mano firme sobre el timón, y jamás ha llegado a mis oídos una simple insinuación respecto de que pueda torcer el rumbo. Está tan bien conceptuada en esa ciudad que casi aparece como una santa. Agrego aquí mi opinión en el sentido de que se merece el respeto que cosecha, siendo la hermana mayor de una adolescente y de una niña en crecimiento, a las cuales debe educar, y bien que usted lo logra. Solicité al Sr. Cura que intercediera por mí, pero se excusó; esperaba una mayor colaboración de su parte. Sin más, deseando no molestar sus sentimientos, ni pecar por impertinente, solicito a usted un formal compromiso matrimonial, en la forma y condiciones que desee disponer. Aceptaré cualquier mediación que considere necesaria, aunque bastaría una sola mirada de sus transparentes ojos, un solo apretón de sus menudas manos, para conocer que está dispuesta a planificar su futuro junto a mí. No he creído necesario aclarar que sus hermanas serán parte de nuestra familia hasta que Dios así lo disponga. Quedo en su espera y beso su mano Su Constante Amigo |
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Estimado Amigo: He reunido todo mi criterio y mi coraje pues debo responder a su franqueza con la misma moneda. Tan sólo le pediré que rompa esta carta después de leerla y que se marche para siempre de nuestras vidas. En su conceptuosa misiva aparecen palabras tales como santa, mano firme sobre el timón y respeto merecido, refiriéndose a mí. Lejos de la verdad están. Me invita Ud. a planificar nuestro porvenir a su lado y no sabe cuán imposible es aceptarlo. Mi futuro ya ha sido determinado por completo. He cometido un serio error de vida, el cual precipitó la muerte de mi madre y ayudó a anticipar la de mi padre. Como castigo, bien merecido, estoy sola al frente de la casa; y por no respetar las reglas de mi hogar se me retiró algún apoyo necesario en aquel momento, de parte de tíos y de primos. En breve resumen le diré: Fui invitada a disfrutar de un fin de semana en casa de una compañera de estudios. Era el año de la bomba atómica, y oponiéndonos al horror de la destrucción, ensalzábamos el amor. Me enamoré de un varón hermoso, de familia de bien; y le abrí mi corazón que ya estallaba, sin pensar en mi hogar, en sus enseñanzas, ni tampoco en el corto tiempo de conocernos. Aún queda en mi pecho el calor de ese recuerdo y un pequeño ejemplar de Platero y Yo, con sus iniciales de puño y letra; yo le entregué mi guardapelo; fue prenda de nuestros sentimientos. Pero debe usted saber, y por eso le ruego que rompa esta carta, que de ese fugaz resplandor nació la luz de mis ojos; que la que conoce como mi hermana menor es en verdad mi hija muy amada. Ya lo sabe; el búcaro está roto; el agua se ha perdido, se marchitó la flor. Se despide María Ofelia |
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Misteriosa María Ofelia: El destino teje y desteje nuestras vidas mezclando penas y alegrías. Esta carta le llega por mediación de su hermana, ya que se me ha informado que usted y la pequeña se han retirado a una jornada de meditación. Trabajo en una oficina de atención al público y hace dos semanas observé la presencia de un caballero sentado en la zona de espera, leyendo una y otra vez una carta, muy concentrado. De pronto se levantó vivamente, la rompió, y se retiró sin ser atendido. Tal conducta despertó mi curiosidad y apenas tuve oportunidad recogí los trozos de papel. Al instante me enamoré de la mujer que firmaba la misiva, recompuesta cuidadosamente. La leí repetidamente, cada vez que abría el cajón de mi escritorio. Me fascinó el dramatismo que encerraban esas pocas líneas; la firme convicción de sus palabras y los trazos agudos de su escritura me revelaron un temperamento firme, decidido; pero había una nota especial que evocaba en mí memoria alguna melodía oculta u olvidada. Deseo informarle que permanezco soltero, por falta de sensatez según algunos, por exceso de romanticismo aseguran otros. Camino solo por esta vida; no tengo hermanos y mi madre ha fallecido ya, hace unos años. Mi anciano padre se cansó un día de ocuparse de mí y de sí mismo, y está siendo cuidado por su hermana, perdida la razón e inteligencia. Mi honor jamás ha sido puesto en duda y el concepto que de mí tienen mis superiores es inmejorable. Cuento con buen patrimonio, heredado de mis mayores y atendido con esmero. Le ofrezco todo esto a usted, además de un buen nombre y el descanso que su alma necesita. Hace ocho años atrás yo también era un idealista, enamorado de la vida; por la vida y por los ideales bien conozco que miles de lágrimas han sido derramadas. Aguardo su respuesta, deseando que sea para bien, y confieso no saber qué cosa es un guardapelo y le comento que hace años perdí, no sé dónde, un ejemplar de Platero y Yo. Le espera Un Varón Hermoso |