MIS RELATOS

LORENZO

servidor

SR. CABALLO, SRA. YEGUA

Había una vez un Caballo que vivía con su señora Yegua y su Potrillo en la granja de un Hombre.

Un día llegó la señora Comadreja muy alarmada y dijo: 

Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted.

Caballo le responde: 

¿Porqué necesita de mi ayuda, señora Comadreja?

Y la señora Comadreja le dijo: 

Un par de mis hijitos ha cruzado el río, el río ha crecido, y no pueden volver. ¿Puede usted ir por ellos, señor Caballo?

Y el señor Caballo galopó briosamente hasta la ribera, cruzó el río crecido, obligó a los cachorros de la señora Comadreja a subir a su lomo y los devolvió a su afligida madre.

Regresó a la granja y fue recibido con alegría por Yegua y Potrillo. Pero no había terminado de tomar su merienda cuando apareció el señor Burro, renqueando, quien le dijo: 

Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted.

El señor Caballo le responde: 

¿Porqué necesita de mi ayuda, señor Burro?

Y el señor Burro le dijo: 

Debo terminar de sacar agua con la noria de mi amo, porque las vacas tienen sed y me he lastimado la pata. ¿Puede usted terminar mi tarea, señor Caballo?

Y el señor Caballo galopó hasta la granja del señor Burro, se ató a la noria y le dio vueltas y vueltas hasta que el sol se escondió y se hizo la hora de la cena. El señor Burro le agradeció mil veces el favor, pero el señor Caballo deseaba regresar cuanto antes a su propia granja.

La señora Yegua le sirvió la cena, que ya estaba un poco fría; y no había terminado de comerla cuando apareció la señora Cerdita, muy asustada, quien le dijo: 

Señor Caballo, señor Caballo, ayúdeme usted, por favor.

Y el señor Caballo le responde: 

¿Porqué necesita de mi ayuda, señora Cerdita?

Y la señora Cerdita le dijo: 

Mi pequeño se ha subido al techo del granero y no se puede bajar. ¿Puede usted ir por él, señor Caballo?

Y el señor Caballo fue, pero lentamente de tan cansado que estaba. Y llegó al granero y le pidió al pequeño cerdito que se bajara; pero estaba muy asustado. Entonces lo tomó con los dientes y lo bajó de un solo tirón. La señora Cerdita no le agradeció nada porque le pareció que había sido muy torpe.

Entonces el señor Caballo emprendió el regreso a su casa, sabiendo que la señora Yegua y su Potrillo estarían dormidos al llegar, y que nadie saldría a recibirlo. Se sentía triste, además de cansado. Y entonces, desde los pajonales que crecían junto al camino, entrevió un par de ojos amarillos, y sintió el olor del señor Puma, y supo que le saltaría. Quiso correr, pero las patas no le respondieron. Pensó en su familia y se despidió de ellos, esperando sentir las garras y la boca del señor Puma en su cuello.
Pero apareció el cuerpo generoso y lleno de vigor de la señora Yegua, pataleando sobre la cabeza del señor Puma y salvándole la vida.

Agradecido, frotó su hocico contra el de ella y juntos regresaron a la granja.

 
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