MIS RELATOS

LORENZO

servidor

ALESSO Y M.G.

Aleso y los demás niños del Hogar están excitados. Éste es el gran día, el esperado. La graduación. A cada uno se le entregará una máquina superior, un robot que estará preparado para completar la educación que necesitan antes de ser aceptados en el mundo de los adultos.

A pesar de tener sólo once años su desarrollo físico y afectivo le han hecho merecedor de estar en el grupo de aspirantes. Dejará entonces de depender del núcleo maternal, de esos seres humanos, y comenzará su relación con el exterior, ayudado por la máquina.

El sonar les avisa que deben reunirse en el salón, y se ordenan como habitualmente lo hacen. A su lado están los compañeros de costumbre; se les ve algo nerviosos y varias veces les hacen callar porque el tono de sus risas se eleva demasiado.

Le llaman; le entregan la unidad; debe memorizar su cifra de identidad y también otorgarle, si lo desea, un nombre familiar.

Mi identificación es M. G. 2028. Tú eres Aleso, mi superior y mi pupilo. ¿Cómo deseas llamarme?

El niño piensa que la voz es agradable y juega con las letras mentalmente. 

Te llamaré Mágnum. 

Comprendido; Mágnum; aceptado; te seguiré.

Pasan los días y se han vuelto inseparables, como era de esperarse. La máquina está diseñada para tratar con niños de su edad. Aleso disfruta desarrollando cada nueva idea; a veces se le ocurren a él y otras veces las ideas vienen de Mágnum; y como es una máquina nunca se cansa de responder; y el niño, medio hombre, está seguro de que sus respuestas son acertadas.

Un día, mientras pasea por el parque, se detiene, y mirando a Mágnum le pregunta: 

¿De dónde salen todos tus conocimientos?

De mi extenso archivo de ciencias. 

¿Y cómo fue a parar allí?

Fue puesto allí por los programadores.

Explícame detalladamente, ¿son acaso seres humanos?

Te explicaré. El conocimiento del mundo, que está organizado en las distintas ciencias, es el resumen de las investigaciones realizadas por seres humanos, o llevadas a cabo por máquinas sobre esquemas y proyectos de humanos. Cuando los conocimientos eran pocos se podían transmitir de boca en boca; después se grabaron en papel y se reprodujeron por millones para llegar a todo el mundo: se llamaban libros y se los ordenaba en grandes salones que se llamaron bibliotecas. Cuando los conocimientos fueron excesivamente extensos y era difícil hacerlos llegar a todos los humanos, se inventaron las primeras máquinas, mis antepasados, que facilitaban el acceso a ellos. ¿Es suficiente?

Entonces, ¿eres como una biblioteca que habla?

Algo así. Pero mis archivos son renovados gradualmente y a medida que tu madurez avanza.

Aleso reflexiona largo tiempo. Levanta la cabeza y fija su mirada en el visor, que a veces supone que es la cara de Mágnum. 

¿Podrías darme un libro?

No he visto uno jamás; no podría; pero los seres humanos tenéis imaginación y podrías hacer uno. Pregunta todo lo que quieras saber.

Y Aleso pregunta cómo, y dónde, y con qué, y de qué material, y cómo es la forma, y de qué tamaño, y si es caliente o frío, y si tiene olor, y si es pesado, y si se puede comer; cuando cree tener todas las respuestas se pone a trabajar y Mágnum coopera como puede.

Cuando termina toma su obra y la lleva al Salón de Logros, ante los adultos. Le preguntan 

¿Qué has deseado realizar?

Un libro, contesta. Se reúnen a mirar; se atreven a tocar; murmuran; mueven las cabezas diciendo sí y no. Entonces un adulto muy gris se acerca, mira la obra, mira al niño, mira a Mágnum, a los otros adultos, y habla del tiempo de las bibliotecas. Y entrega a Aleso un distintivo en forma de círculo con un triángulo grabado.

Sale el niño de allí muy contento, con su máquina; tan contento que cree poder volar. 

Soy adulto dice riendo.

Aún no contesta Mágnum. Este es un pequeño escalón y ese objeto que te han otorgado refiere una excepcional capacidad imaginativa. Podrías ser artista. Debo ajustar mis archivos para servirte mejor.

Aleso pone su mano sobre Mágnum y se dirigen al edificio dormitorio, lentamente y conversando.

 
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