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Los griegos tenían una palabra para
todo…
El dios griego del cielo era Ouranos. Después los romanos lo llamaron Urano. En el
siglo XVIII, un astrónomo nombró al nuevo planeta como esta
poderosa deidad... y un químico, a su vez, nombró un metal recientemente descubierto
este planeta. Lo llamó uranio.
Como escritor Isaac Asimov señaló, “el más viejo de los dioses griegos todavía vive en una palabra conectada con
la más nueva y terrible de las armas científicas.”
Así viven innumerables dioses, semidioses, mortales legendarios, viejos miedos y deseos
en nuestro idioma cotidiano. En Palabras de los Mitos, Isaac Asimov
vuelve a contar las viejas historia -desde el Caos hasta el sitio de Troya-
y describe su influencia en el lenguaje moderno… y en la vida moderna.
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