|
||||
|
No puedo resistir la tentación de incluir, por lo menos, un ensayo que no haya publicado nunca antes. Sucedió lo siguiente: una empresa deseaba publicar un folleto informativo acerca de sus actividades. Tal empresa produce fertilizantes químicos, de modo que deseaban incluir, entre otras cosas, una imaginativa visión del próximo futuro de la tecnología agraria. Me propusieron tal tarea y escribí el siguiente ensayo. Lo aceptaron y me lo pagaron, pero después el proyecto fue desechado por razones que (creo) no tienen nada que ver con el ensayo. |
||||
|
Las próximas décadas de la agricultura |
||||
|
En nuestro planeta viven hoy cuatro mil millones de personas. En el año 2000 seremos quizá siete mil millones. ¿O todas las bocas extra perecerán y volveremos a quedarnos en cuatro mil millones? Esperemos que no. Confiamos en que la explosión demográfica cese y alcance un nivel aceptable. Esperamos que la conservación de la energía y el desarrollo de nuevas fuentes energéticas permitan el desarrollo constante de la tecnología. Y, mientras tanto, esperamos mantener viva a toda la población humana posible, mientras el mundo resuelve sus problemas demográficos y energéticos. Pero, ¿cómo? Primero, ¿podemos aumentar el número de los campos dedicados al cultivo agrícola? Desde luego, esto no resultaría nada fácil. La tierra fértil natural ya está ocupada y sembrada, y en exceso, hasta el punto de que, en algunos lugares, el desierto invade la tierra cultivable. Bueno, pues, consideremos el desierto. La causa de la existencia de los desiertos suele ser la falta de agua. Sin embargo, a la Tierra no le falta agua; en realidad, posee superabundancia de ella. El problema es que el 98 por ciento del agua es salada y la mayor parte del resto es hielo polar. En cualquier caso, es inútil para empleo agrícola. El último recurso de regadío agrícola es la lluvia, de la cual se nutren nuestros arroyos, ríos, estanques, lagos y agua subterránea. Este agua dulce se utiliza para regar tierras áridas, si bien puede emplearse más eficientemente; en particular se podría aprovechar mejor el agua subterránea, pues podríamos hacerla surgir hasta en regiones desiertas si ahondáramos lo suficiente. Por otra parte, la lluvia no está debidamente repartida por el mundo, y esto también podría modificarse. Gracias a los satélites meteorológicos, ya sabemos más del aire del Globo y de la circulación oceánica de lo que hubiéramos podido soñar hace veinte años. Dentro de veinte años más, podremos desarrollar las técnicas de modificaciones meteorológicas. Además, deberemos ir más allá de la lluvia. Se tiene en perspectiva la utilización de icebergs como fuente de obtención de agua dulce. También se puede emprender a gran escala la desalinización. Pero la falta de agua no es la única razón de la existencia de un desierto. La vida vegetal necesita una variedad de metales, los cuales no están proporcionalmente distribuidos sobre la superficie del Globo. Zonas sumamente pobres en cinc, molibdeno o cobre, por ejemplo, pueden ofrecer una fertilidad muy limitada aun cuando se las ponga en regadío. De nuevo podríamos recurrir a nuestros satélites para que nos proporcionaran una imagen global, ya que la agricultura se ha convertido en una industria global que no puede ser tratada eficientemente de un modo local o regional. Es posible que en los próximos veinte años puedan ser producidos fertilizantes que se adapten a las necesidades de cada territorio. Los fertilizantes se podrían elaborar con receta, por así decirlo, y contendrían una cuidadosa mezcla de metales necesarios para producir la máxima fertilidad en una zona determinada. |
||||
|
Procederemos a reorganizar el suelo para adaptarlo a la vida vegetal, tomando las diversas clases de átomos de donde sobran y colocándolos en donde faltan. Esto no será la única solución, pues la lluvia arrastra los minerales del suelo, y las plantas los absorben. El suelo tendrá que ser periódicamente readaptado. ¿Escasez total de uno o de otro elemento? No es probable. Todos los elementos encuentran su hogar definitivo en el mar. Allí existen ya sea en solución o en forma de nódulos metálicos esparcidos por el fondo del mar y, en cualquier caso, pueden ser recuperados. La extensión de la tierra cultivable y la adaptación de la química del suelo a las necesidades particulares de nuestros cultivos, harán que se vea muy reducida la superficie de la Tierra dedicada a la Vida salvaje. Esto no podrá evitarse mientras siga aumentando la población humana. Los esfuerzos para incrementar el rendimiento agrícola deberán ir acompañados por unas medidas para frenar el crecimiento demográfico, o si no, cualquier política agraria fallaría a largo plazo. ¿Puede ser aumentada la producción de alimentos mediante la extensión de la tierra cultivable con el menor costo posible de vida salvaje? Por un lado, podríamos aumentar el número de especies de plantas destinadas a la población. La Humanidad subsiste básicamente con media docena aproximada de variedades de granos, en especial trigo, maíz y arroz, pero existen muchas plantas tropicales que podrían utilizarse como alimento. En algunos lugares sería posible hacerlas crecer más abundantemente de lo que lo hacen otras cosechas más convencionales. También podría existir la acuacultura; se podrían criar y cosechar algas en el fondo del mar. Con un superior conocimiento de las técnicas de ingeniería genética, se podrían producir nuevas especies de plantas que no sólo crecieran más deprisa, sino que poseyeran un más rico contenido vitamínico así como proteínas mejor equilibradas en los aminoácidos esenciales. (Naturalmente, otras especies que ofrecieran ventajas en cuanto a resistencia climatológica o inmunidad a las enfermedades también podrían ser utilizadas en caso de emergencia.) La ingeniería genética podría crear asimismo nuevas razas de bacterias capaces de producir nitrógeno atmosférico con mayor eficiencia, o bien capaces de provocar otros deseables cambios químicos en el suelo. Esto produciría un efecto natural continuo de gran fertilidad. Las formas de vida que crecen más rápidas son los simples organismos unicelulares. Pueden doblar su masa en horas o incluso en minutos. Podrían ser cultivados en masa microorganismos apropiados que sirvieran de alimento, o como complemento de la alimentación. Podrían ser cultivados en soluciones cuidadosamente equilibradas, estudiadas para asegurar el mayor grado de crecimiento. Es posible imaginar la preparación de una mezcla mineral, disuelta en agua y añadida a la solución favorecedora del crecimiento en forma de continuo goteo bien medido. Todo el asunto podría montarse con agua, dióxido de carbono y minerales incorporados en un extremo y trozos de material comestible en el otro. En medio podrían estar las células trabajadoras, dividiendo, dividiendo y dividiendo. Las células podrían ser adaptadas mediante técnicas de ingeniería genética para producir trozos de alimento de sabor aceptable. Si esto último no fuera posible, la industria química tendría que producir sabores artificiales, aromas y agentes texturizadores. Desde luego, tal tipo de alimentación puede resultar deprimente para quienes prefieren las comidas tradicionales, pero si la Humanidad permite que los habitantes de la Tierra alcancen los siete mil millones, la comida tradicional no bastará. Entonces también deberemos prestar atención a la eterna guerra entre el Homo sapiens y otras especies por el mismo tipo de alimentación. Como los humanos hemos multiplicado el cultivo de ciertas especies vegetales selectas para alimentar a nuestros animales, las plantas competidoras tendrán que ser arrancadas y los animales forrajeros tendrán que ser eliminados. O al menos en toda la medida posible. Las actividades agrícolas humanas han creado un nuevo hábitat idóneo para ciertas clases de plantas y de animales, los cuales se multiplican enormemente en ese hábitat, como nunca lo hubieran hecho en una Naturaleza anterior al hombre. Las ratas y ratones no proliferarían del modo en que lo hacen si no se hubiesen adaptado a cierto parasitismo con respecto a la Humanidad. El agente que causa la enfermedad del olmo holandés no habría proliferado del modo en que lo ha hecho si los humanos no hubieran plantado filas de olmos tan juntas, con lo cual se ha hecho fácil el contagio. Las armas más sofisticadas en esta batalla contra los competidores por la comida han sido los productos químicos utilizados contra el más peligroso y persistente de estos competidores: los insectos. Esos productos químicos cada vez han sido más sofisticados; desde venenos minerales puros, letales para la vida en general, hasta sustancias orgánicas que ejercen efectos principalmente contra los insectos. Estos pesticidas han sido mejorados en muchos aspectos; en las próximas décadas tendrán que utilizarse métodos más sutiles, La compleja historia de la vida de un insecto supone las idas y venidas de ciertas hormonas con muda mediata, formación de crisálida, etc. Estas hormonas son específicas de los insectos y se presentan en variedades que son cada una de ellas propias de un pequeño grupo de especies, o incluso de una especie en particular, y no afectan a nada viviente. |
||||
|
El empleo de la propia hormona o de sus semejantes sintéticas puede servir para trastornar el ciclo vital de algún insecto particularmente nocivo, sin efectos secundarios en ninguna otra especie de ente vivo. Ni siquiera un insecto podría desarrollar inmunidad a sus propias hormonas. Muchos insectos se aparean con éxito al haber reaccionado el macho a "feromonas" químicas especiales liberadas por la hembra receptiva. El macho respondería automáticamente, aunque la sustancia no tenga efecto en ninguna otra especie. (Si la tuviera, se vería subvertida toda su función de reproducción efectiva.) Así, pues, las feromonas podrían ser utilizadas para engañar a los machos y evitar la reproducción. Una victoria sobre las plagas que afligen a la agricultura podría doblar las disponibilidades de alimento sin tener que utilizar ni una hectárea más de tierra ni plantar ni una simiente adicional de grano. La comida para los animales es un lujo. Si un animal es herbívoro, serán necesarios cinco kilos de vegetales para producir medio kilo de carne animal para la alimentación humana. Con el aumento de la población de la Tierra, habrá una presión cada vez mayor para aprovechar los cinco kilos de vegetales a los que antes nos hemos referido, directamente para el consumo humano, en lugar de emplearlos en producir medio kilo de carne. Sin embargo, cuanto más se haga para aumentar la producción vegetal y para evitar las plagas que la afectan, menos espacio quedará para la producción animal. En pocas palabras, el futuro apunta hacia el vegetarianismo. También se podría mejorar la producción de alimentos para los animales. Por ejemplo, el ganado come hierba y heno, que contienen mucha celulosa, una sustancia que los humanos no podemos digerir. Si, mediante la ingeniería genética, conseguimos producir razas de bacterias que puedan realizar más rápidamente el proceso de digerir la celulosa, si creamos bacterias que puedan descomponer otros componentes de sustancias vegetales, podríamos imaginar animales que vivieran, literalmente, de aserrín y agua, a lo cual se podrían añadir pequeñas cantidades de minerales y vitaminas. Entonces, el océano se podría convertir de terreno de pesca de alimento en terreno de cría de alimento. Arthur C. Clarke, el escritor de ciencia ficción, escribió una vez un relato acerca de bancos de peces acorralados por "cowboys" que utilizarían delfines en lugar de caballos. Sin llegar tan lejos, no cabe duda que la vida oceánica podría servir de una más eficiente fuente de alimentación si pudiéramos controlar el nacimiento y crianza de pececitos de especies convenientes y en cantidad suficiente. |
||||
|
Pero la perspectiva más importante es la creación de granjas en el espacio; de colonizaciones espaciales con terrenos tomados de la Luna y adaptados a una fertilidad ideal. Allí se podrían construir granjas en un inmenso cilindro, de varios kilómetros de longitud, en el cual tuviera una temperatura y grado de humedad controlados. Podrían existir pequeños mundos agrícolas en los que no se introdujera ninguna plaga nociva. Al final, la cesta del pan de la Tierra ya no se hallaría en ningún lugar de su superficie, sino en el espacio. Esto, sin embargo, aún costará bastante tiempo. |
||||
|
Las marcas y productos mencionados son propiedad de sus respectivos propietarios |
||||
|
||||
|