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Siento un temor irracional por los aviones y, por ello, nunca vuelo. A veces me digo que mi miedo no es tan irracional, pues siempre recibimos noticias de accidentes de aviación. Sin embargo, no experimento ningún reparo en conducir mi automóvil, incluso en los fines de semana. Kilómetro a kilómetro, los peligros que corro al volante son mayores que los que correría en avión, de modo que descartar este último sistema en -favor del anterior, a causa del temor a sufrir algún daño, es irracional. Cuando se me pidió que hiciera unas previsiones sobre el futuro de los transportes, aproveché gustoso la ocasión. En definitiva, si consideraba lo que sería del transporte por tierra, ¿no llegaría a encontrar inútil el avión? El problema era que cuando describí algunas de las posibilidades para un mejor y más rápido transporte por tierra, tuve que admitir la posibilidad de que, si estos sistemas existieran ahora, yo no los utilizaría. ¡Seamos sinceros! La velocidad me saca de quicio.. Soy de esas personas que, en un taxi, le dicen al conductor: "No tengo prisa, chofer. Reduzca la velocidad, por favor." |
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Acerca de los transportes |
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A través de la Historia de la Humanidad, los individuos han permanecido relativamente inmóviles. Desde luego, siempre han andado y corrido, así como saltado, pero la distancia que podían recorrer de este modo era muy reducida y ellos, personalmente, sólo recorrían su ciudad natal y sus inmediatos entornos. Los soldados marchaban miles de kilómetros incluso en la Antigüedad, y los jinetes y marineros solían efectuar largos viajes. Los largos viajes costaban meses, hasta años, y sólo participaba en ellos una pequeña minoría. La mayoría de la gente se quedaban en sus lugares habituales. Sólo con la llegada de la Revolución Industrial, con el buque a vapor, la locomotora y, sobre todo, el automóvil y el avión, las personas corrientes han empezado a considerar al planeta como su propia casa. Ahora nos podemos desplazar a voluntad de un punto a otro, sea cual sea la distancia, y en cuestión de horas. Sin duda, ahora nos movemos libremente... sucede sólo que sufrimos las angustias de los embotellamientos de automóviles, nos ensordecen los horrísonos sonidos de los motores y estamos pavimentando la tierra con una intrincada red de autopistas, al tiempo que nos envenenamos con la polución producida al quemar gasolina, gastándola además a un ritmo que, en treinta o cincuenta años nos dejará sin recursos energéticos y, finalmente, matamos y herimos a centenares de miles de personas al año. Cuando miramos hacia un futuro con una población siempre creciente en nuestro mundo, podemos creer que cada vez habrá más gente desplazándose, más automóviles, autobuses y aviones, mayores y peores aglomeraciones de tráfico, ruido, contaminación, despilfarro y muerte hasta que todo se suma en el caos. Si la población sigue creciendo progresivamente, las insaciables demandas, por parte de cada vez más gente, de mayores cantidades de alimentos y de servicios pueden sobrecargar y destruir nuestra civilización tecnológica. Si, por el contrario, el crecimiento demográfico es demorado, detenido y, finalmente, invertido, es posible que no haya ningún problema que resulte insoluble y, en particular, que el futuro de los transportes sea brillante. Una respuesta que suele darse con respecto a la contaminación automovilística es, por ejemplo, el empleo de coches eléctricos, que serían relativamente silenciosos y no contaminantes. Sin embargo, mientras obtengamos nuestra energía de los combustibles fósiles, del carbón y del petróleo, los coches eléctricos no serán solución. Se limitan a cambiar la contaminación de un lado a otro. En lugar de que cada coche queme su propio combustible, varias plantas eléctricas tendrán que quemar el combustible para producir la electricidad necesaria. Sería conveniente no tener varios contaminantes ensuciando el aire en las ciudades atestadas de tráfico, pero la cantidad total de contaminantes que pasarían a la atmósfera serían los mismos y, a largo plazo, el aire continuaría ensuciándose más en todas partes. |
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Lo que se necesita es alguna otra clase de energía aparte los combustibles fósiles que, de cualquier modo, escasean de una forma terrible. Si podemos aprender a fabricar electricidad obteniéndola de la energía solar, ya sea cubriendo parte de la superficie desierta de la Tierra con células solares, o bien instalando en el espacio una estación colectora de energía solar, entonces nos encontraríamos con una situación en que la polución descendería al mínimo. Tampoco debemos depender de la energía solar como única fuente. Si podemos desarrollar energía de fusión nuclear controlada (que no debe ser confundida con la peligrosa energía de fisión nuclear que ahora estamos utilizando), tendríamos de este modo un suministro de electricidad casi ilimitado procedente de una fuente relativamente libre de contaminación. Sin embargo, no podemos esperar que todos los transportes se muevan con electricidad. Resulta difícil imaginar aviones conducidos por electricidad. Siempre habrá ocasiones en que sea conveniente el combustible líquido, pero, ¿de dónde se obtendrá en el futuro el combustible líquido si el petróleo se ha agotado? Se podría obtener cierta cantidad del carbón, pero sería más lógico utilizar la barata electricidad producida por energía solar o energía de fusión. Tal electricidad podría utilizarse para convertir agua en hidrógeno y oxígeno. El hidrógeno podría entonces ser combinado con dióxido de carbono para formar alcoholes e hidrocarburos simples. Éstos son combustibles líquidos que, en motores, pueden combinar con oxígeno para producir energía al formarse agua y dióxido de carbono. Empezaríamos con agua y dióxido de carbono y acabaríamos con agua y dióxido de carbono. Además, el combustible formado de esta manera consistiría sólo en carbono, hidrógeno y unos ocasionales átomos de oxígeno. La contaminación que sufrimos hoy en día consiste en impurezas de carbón y gasolina que contienen otras clases de átomos: nitrógeno y azufre, por ejemplo. De este modo tendremos cantidades ilimitadas de combustible no contaminante para los motores de combustión interna del futuro, y nuestras carreteras serán recorridas tanto por coches movidos con gasolina como con electricidad. Si resolvemos los problemas de la energía y de la polución, ¿qué haremos con las aglomeraciones de tráfico y con los accidentes? En ese sentido deberemos utilizar una creciente automatización. Los semáforos actuales son inflexibles. Es difícil que lleguen a comprender las diferentes afluencias de tráfico en distintas direcciones y horas. Quizás en el futuro sea posible tener semáforos que sean capaces de detectar la relativa densidad de tráfico en las diferentes direcciones y ajustar las relativas duraciones de las luces verdes y rojas. De este modo, se lograría la máxima fluidez en la circulación. De hecho, tendrían que instalarse redes completas de semáforos controlados por computadora y que reaccionaran a la afluencia de tráfico, ajustándose entre sí cooperativamente de modo para que los vehículos circulen de manera óptima. |
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Los coches individuales utilizarán radar a fin de detectar obstáculos por la noche, con niebla, o bien para advertir los frenazos del coche que va delante. Por supuesto, un conductor puede no advertir las señales del radar, de modo que es probable que los coches vayan equipados con mecanismos automáticos que frenen o detengan el coche en momentos oportunos. De este modo, los accidentes de circulación descenderían considerablemente. En realidad, el automóvil del futuro será automático por completo. Podemos imaginar un vehículo con un "cerebro" cibernético que recibiera el programa de la red de carreteras para ciertos viajes y que pudiera seguir la ruta más conveniente al tiempo que vigilaría la presencia de obstáculos y otros coches y ajustaría su velocidad a la del tráfico. Sólo serían necesarias operaciones manuales (o quizá reajustes de emergencia) en caso de inesperados cambios de dirección. Cuanto más completo y seguro hagamos el automóvil del futuro, es de esperar que lo utilice más gente. El tráfico seguiría siendo sumamente denso y ni todas las computadoras del mundo podrían evitar que fuese lento. Una solución sería utilizar medios de transporte que pudiesen desplazar a más gente que los automóviles: autobuses o trenes, por ejemplo. Naturalmente, éstos también tendrían que ser perfeccionados si van a competir con el automóvil. (Parte de nuestros actuales problemas es que los sistemas de transportes masivos de hoy no compiten ventajosamente con los automóviles.) El transporte masivo del futuro deberá ofrecer mayor velocidad y comodidad mediante el empleo de la levitación magnética. Un riel magnético central, de forma similar al del propio tren, creará una repulsión (si las intensidades de campo magnético son lo bastante grandes) que elevará el tren unos centímetros sobre el riel. Ya que virtualmente no habrá fricción, el tren podrá alcanzar una velocidad libre de vibraciones de 450 Km por hora. Una forma más espectacular de evitar las aglomeraciones de tráfico es desplazar en distinta dirección parte del tráfico que discurre sobre la superficie de la tierra. Al menos hay una posibilidad, por ejemplo, de que las ciudades del futuro se excaven bajo tierra. Esto nos podrá parecer extraño, acostumbrados como estamos a vivir al aire libre, pero vivir bajo tierra también ofrece sus ventajas. La principal de ellas sería no depender del tiempo atmosférico. El mundo subterráneo no sería molestado por la lluvia ni la nieve, así como tampoco por la niebla. Bajo tierra no existirían las variaciones de temperatura que conocemos en superficie. Ya fuera de día o de noche, verano o invierno, las temperaturas en el subsuelo serían invariables, y el único peligro natural que se debería temer serían los terremotos. La derrota del tiempo atmosférico sería de gran importancia para el transporte, ya que ello popularizaría el mecanismo básicamente humano de caminar. Todos caminamos constantemente, de aquí para allí, de estancia en estancia, escaleras arriba y escaleras abajo. ¿Qué nos impide andar al aire libre? Principalmente, se objeta que a menudo hace demasiado calor, frío o que el tiempo es demasiado húmedo o ventoso. En una ciudad subterránea en la que no se conocerían variaciones atmosféricas, andar sería lo habitual para desplazarse horizontalmente, al menos para cortas distancias, y para el desplazamiento vertical se utilizarían ascensores, como en los grandes edificios. Para desplazarse a grandes distancias bajo tierra -desde un extremo al otro de la ciudad, por ejemplo- habría calzadas que se desplazarían automáticamente. Habría vehículos de movimiento lento con muchos puntos de entrada y salida, así como otros vehículos "exprés" para desplazamientos a mayor distancia. (Describí una ciudad subterránea semejante en mi libro The Caves of Steel, publicado por "Doubleday" en 1953.) Es posible que llegáramos a tener también un masivo tránsito subterráneo. Los trenes se moverían a través de largos túneles mediante levitación magnética, con el perfeccionamiento -más práctico bajo tierra que en superficie- de que los túneles estarían vacíos. Con la ausencia de la presión del aire, los trenes se podrían desplazar con muchísima velocidad y los viajes transcontinentales se realizarían a velocidades supersónicas, con tanta rapidez como un avión, pero con más seguridad. Podemos imaginar un túnel bajo el estrecho de Bering, de modo que los continentes estarían interconectados mediante este transporte rápido en vacío desde Ciudad del Cabo a la Patagonia y todos los puntos intermedios. Australia sería la zona más poblada que permanecería al margen del principal sistema de túneles. Este desplazamiento del tráfico también podría ser en otra dirección. Se podría realizar sobre la superficie de la tierra, de igual modo que por debajo. Los automóviles u otros vehículos podrían desplazarse con motores a reacción. Como en el caso de la levitación magnética, la fricción quedaría notablemente reducida, permitiendo ello mayores velocidades y menos vibración. La importancia del transporte mediante la propulsión a chorro ampliaría las posibles rutas de viaje. El transporte de superficie se ve limitado a las carreteras y autopistas, y los trenes subterráneos a los túneles. Sin embargo, un vehículo de propulsión a chorro podría avanzar por cualquier sitio cuyo piso fuera relativamente llano; con ello, la densidad de tráfico descendería generalmente, con excepción de algunos pocos cuellos de botella, la mayor parte de los cuales podrían ser modificados. Desde luego, existe un inconveniente obvio en la capacidad de un vehículo a propulsión para cruzar campo a través de propiedades privadas e invadir un territorio que hasta el momento se había visto libre de intrusos. Sin embargo, debe tenerse por seguro que todos los cambios tecnológicos supondrán efectos sociales que tendrán que considerarse en todas las legislaciones del mundo. Lo más interesante de los vehículos de propulsión a chorro es, por supuesto, que podrán desplazarse sobre el agua con la misma facilidad que sobre tierra. De hecho, se desplazarían sobre el agua con mayor facilidad, excepto en caso de vientos muy fuertes o tormentas, ya que la superficie marina es muy llana y no está dividida en terrenos privados. |
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Dado que los ríos podrían ser cruzados por cualquier punto, el peso del tráfico sobre los puentes sería aminorado y éstos podrían ser reservados para transportes que no fueran masivos y a propulsión. Australia y otras islas mayores, al margen de la red de túneles vacíos continentales, podrían ser alcanzadas por tales vehículos a propulsión. Los transportes masivos oceánicos podrían efectuarse también a propulsión. Las líneas de pasajeros y grandes buques de carga podrán viajar con propulsión a chorro con buen tiempo, descendiendo hasta la superficie del agua cuando el viento y el tiempo atmosférico así lo hiciera necesario. Tales vehículos acuáticos movidos con propulsión a chorro podrían cruzar la tierra y no tendrían necesidad de llevar sus cargamentos hasta los pocos puertos que ahora existen, sino a cualquier punto de la superficie terrestre que les ofreciera las mejores condiciones para entregar sus mercancías. Actualmente, el auténtico viaje aéreo es casi por entero transporte masivo, y los aviones gigantes sólo pueden despegar y aterrizar en algunos pocos aeropuertos muy determinados. Esto significa que contribuyen a entorpecer el tráfico que pasa por estos aeropuertos. En el futuro, una nueva dimensión del viaje aéreo podría ser el empleo de equivalentes de automóviles aéreos. Esto podría efectuarse en la forma de un avión de Despegue y Aterrizaje Vertical ("VTOL"). Un avión VTOL no necesitaría grandes pistas, sino un metro de espacio para realizar tales maniobras. Indudablemente, los puntos de aterrizaje y despegue tendrían que estar especialmente ideados para resistir el shock de partida y llegada, pero cualquier progreso tecnológico requiere una serie de innovaciones. (La aparición del automóvil supuso la creación de garajes, carreteras pavimentadas y estaciones de servicio.) Los aviones VTOL podrían, finalmente, no ser mayores que automóviles, no llevar más que una carga, no ser más caros y ser tan útiles para el empleo individual como los automóviles. Y éstos también, como los automóviles del futuro, podrían ser automáticos y controlados por computadora. Su ventaja sobre los vehículos de superficie sería que el aire es tridimensional y más espacioso que el suelo, y entonces no serían necesarias las carreteras. Uno podría incluso imaginar el equivalente a una bicicleta aérea, en la forma de un motor a reacción acoplado a la espalda de una persona. En tal caso, uno podría volar individualmente, sin el efecto aislador de metal circundante, así como tener la sensación de vuelo que no se experimentaría en ningún vehículo cerrado. La propulsión a chorro individual puede muy bien convertirse en un gran deporte del futuro, gozando del aprecio de la juventud por la excitación que supone, si bien ofrecería sólo una contribución pequeña al problema de los transportes. Sería lento en grado sumo y el cuerpo humano sin protección es demasiado frágil para que tal viaje sea económico o seguro en gran escala. Naturalmente, todas esas formas de viaje que he mencionado requieren energía, ya sea para hacer girar las ruedas, mover motores, mantener un campo magnético, un vacío, o cualquier otra cosa. Todo cuesta. Con energía solar y de fusión tendríamos toda la energía que pudiéramos necesitar razonablemente, por supuesto, pero eso no quiere decir, necesariamente, que deseemos utilizar toda la energía que podamos, o que tengamos intención de hacerlo. |
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El empleo de energía siempre tiene su precio. Se suele decir que la energía solar directa no es contaminante, pero esto no es completamente cierto. Si muchos kilómetros cuadrados de desierto son cubiertos con paneles solares, se puede argüir que tales paneles utilizarían una luz solar que habría caído sobre la superficie de la Tierra de cualquier modo, con lo que no se habría añadido ninguna contaminación. Sin embargo, las células absorberían más luz que el suelo desnudo. De este modo, llegaría a la superficie terrestre más calor del habitual. Este calor adicional ("contaminación termal") podría ocasionar que se elevase ligeramente la temperatura media de la Tierra. Si se irradiase a la Tierra energía solar desde una estación espacial, llegaría a nuestro planeta una energía que no lo hubiese hecho en otras circunstancias, y esto produciría más contaminación termal que los paneles solares. La fusión nuclear también provocaría contaminación termal (además de un poco de radiación que, probablemente, sería contenida). La contaminación termal puede ser peligrosa. Una ligera elevación de la temperatura de la Tierra -ni siquiera perceptible por nosotros- podría acelerar la fusión de los mantos de hielo, produciendo una desastrosa subida del nivel del mar. Esto podría limitar nuestro uso global de energía durante el tiempo que tardáramos en aprender a regular la forma en que nuestro planeta mantuviese su equilibrio térmico. Por ejemplo, hoy en día, solemos transportar masivamente no porque deseamos que las masas se desplacen de un sitio a otro, sino porque deseamos que se transfiera la información transportada por la masa. Sin embargo, la información en sí no tiene masa y puede ser enviada empleando sólo una pequeña fracción de energía. Acostumbramos enviar un documento en un avión, así como a una persona portadora del documento, cuando todo lo que necesitamos es enviar la información sobre el documento por medios electrónicos a la velocidad de la luz. En el futuro, nuestra capacidad para transferir electrónicamente se verá muy ampliada. Vendrá un tiempo en que estén en el cielo avanzados satélites de comunicaciones, conectados entre sí y con la Tierra mediante rayos láser de luz visible que puedan transportar un millón de veces más mensajes que las ondas radiofónicas. Las comunicaciones terrestres estarán conectadas por luz láser que pase por fibras ópticas finas como cabellos. Llegará un día en que todo el mundo tendrá su propia longitud de onda televisiva. Cualquier persona podría recibir documentos, ya sea proyectados en pantalla, o bien impresos. Las oficinas y fábricas (que serán progresivamente automatizadas y controladas mediante computadoras) podrán ser dirigidas mediante monitores y sus trabajos regulados por televisión y telemetría. Las reuniones de negocios podrán ser efectuadas mediante imágenes televisadas de los participantes, en tres dimensiones, imágenes que no podrán diferenciarse de la persona real, al menos en lo que se refiere a visión y sonido. |
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Una vez que las señales de envío rápido puedan sustituir fácilmente a los lentos desplazamientos masivos, no serán necesarios muchísimos viajes de negocios. Si disminuye esa parte del transporte dedicada a los viajes de negocios, se logrará un enorme ahorro de energía y habrá mucho más espacio y comodidad para quienes viajan para efectuar visitas, divertirse o en plan de vacaciones. Si la Humanidad resuelve su problema demográfico y aprende el modo de evitar que las rivalidades regionales degeneren en guerra y terrorismo, y si evitando esto se conservan la civilización y el progreso tecnológico, entonces el transporte del futuro requerirá menos energía, mucho menos ruido y contaminación, y mucha más variedad y placer del que hemos conocido en el pasado. |
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