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Existe la general impresión de que soy una persona creativa. No digo que sea mentira: a mí me parece lo mismo. Sin embargo, en lo que el mundo y yo no estamos de acuerdo es en el punto de que si soy creativo, ello se debe a que conozco el "secreto" de la creatividad y, por lo tanto, puedo aconsejar a otras personas acerca de cómo ser creativas. Los demás pueden pensar así, pero yo no. En realidad, no sé de dónde extraigo mis ideas o cómo llego a unirlas en un escrito. Según se me alcanza, lo consigo sólo pensando y trabajando intensamente, y si hay algo menos encantador que eso, que me lo digan. Éste no es el "secreto" que todo el mundo quiere conocer. La gente ha seguido pidiéndome que escriba artículos acerca de la creatividad. Así que, finalmente, decidí pensar un poco sobre el particular a ver si podía reunir unas cuantas ideas. Lo hice, y el siguiente ensayo es el resultado de todo ello. |
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Uno para uno |
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En 1856, James Abraham Garfield (quien, veinticinco años más tarde se llegaría a convertir en el vigésimo presidente de los Estados Unidos y en el segundo en ser asesinado) terminó sus estudios en el Williams College. El 28 de diciembre de 1871, tras haber luchado en la Guerra de Secesión y haber alcanzado el grado de general y, en el curso de tal guerra, haber sido elegido para la Cámara de Representantes, en la que estaba cumpliendo su quinto período, Garfield fue a Nueva York para hablar ante los alumnos del Williams College. Cuando el congresista Garfield tenía que hablar, el educador Mark Hopkins estaba a punto de retirarse, tras haber sido durante treinta y seis años presidente del Williams College. Hopkins había sido profesor de Garfield, y esto fue lo que el político dijo acerca del presidente que estaba a punto de retirarse: "No quisiera que se cerrara esta discusión sin mencionar el valor de un auténtico profesor. Que me den una choza, con sólo una mesa, Mark Hopkins a un lado y yo en el otro, y sobrarían todos los edificios, aparatos y bibliotecas. " ¿Era esto el lagrimoso y exagerado comentario del antiguo discípulo, recordando sus días de estudiante a través de una calina distorsionante producida por el llanto? Quizá. Pero, aun así, Garfield había acertado en algo. La quintaesencia de la educación es que un estudiante esté frente a un profesor. Si usted es el estudiante, necesita un maestro que conozca sus posibilidades y debilidades, sus intereses y antipatías, sus convencionalismos y peculiaridades; un profesor que le pueda dedicar atención a usted y que, lo más importante de todo, pueda aprender de usted y utilizar ese aprendizaje para enseñarle más eficientemente. En ese caso de "uno para uno", usted podría, a partir de sus propios intereses, de sus pensamientos y conciencia, así como de las potencialidades de su cerebro, seguir por nuevos derroteros, en uno u otro sentido, con la ayuda y el interés del maestro, que lo acompañaría encantado en su andadura. Dado que hacer o pensar algo nuevo o innovador es ser lo que se llama creativo, a mí me parece que la relación uno para uno entre profesor y discípulo es ideal para despertar la creatividad. Sin embargo, nunca se ha experimentado tal cosa. En los tiempos y sociedades en los que la educación de los niños era responsabilidad de la familia individual, más bien que de la sociedad, los que estaban bien situados podían permitirse pagar un tutor. En tales casos, el tutor era invariablemente de inferior clase social, y el alumno podía despreciarlo. Esto, desde luego, no es lo ideal. También puede haberse dado el caso de que si un individuo persevera durante un tiempo bastante largo, llegue al punto de que sea un licenciado e investigue bajo la supervisión de un famoso profesor sobre una base casi de uno para uno. Sin embargo, tal estudioso sería un superviviente entre muchos que se han quedado en la cuneta, y éste mismo puede llegar a desanimarse incluso. |
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Pero, ese tipo de educación personal, ¿puede ser algo más que un sueño, excepto para el muy reducido número de estudiantes que terminan sus estudios merced a excepcionales cualidades de perseverancia e inteligencia? ¿Cómo podemos concebir que haya tantos profesores como estudiantes? Esto puede conducir a ciertos resultados. Un maestro puede repetir las cosas machaconamente a sus numerosos discípulos, y la mayoría aprenderá a leer y a escribir bastante bien, así como también a realizar ciertas simples operaciones aritméticas y a repetir como loritos otros conocimientos elementales. Esto es semejante a un grupo de unas treinta personas que fueran conducidas por un museo enorme, en el cual las piezas exhibidas fueran de naturaleza muy dispar y estuvieran repartidas en un interminable número de salas. El único guía tendría un tiempo limitado para hacer el recorrido del museo, pudiendo sólo mostrar una pequeña parte de todas las obras. Resulta evidente que el guía puede realizar su trabajo sólo si las treinta personas lo siguen pegados a sus talones, sin que nadie pueda adelantarse por impaciencia o pueda quedarse rezagado para examinar atentamente alguna cosa. Sería aún peor que algún miembro del grupo, al fijarse en las piezas exhibidas en una sala en la que el guía no tiene previsto entrar, arrastrara a sus compañeros para que entren a examinar tal sala. Cualquier movimiento que rompa el ritmo causaría un retraso. En tales circunstancias, cualquier miembro del grupo que vaya constantemente por delante, o se retrase, o bien desaparezca en una dirección imprevista, perturba la marcha del grupo. Puede causar una incalculable irritación no sólo al guía, sino a los obedientes componentes del grupo. Todos se mostrarán airados por los retrasos causados por los actos del "disidente". Y esto es lo que sucede con la educación multitudinaria en las "idas, la cual no sólo pone en ridículo la creatividad (moverse con diferente ritmo o en una nueva dirección) sino que incluso impulsa a los estudiantes a sospechar del concepto de creatividad, así como a aborrecer y atormentar a la persona creativa (y a continuar haciéndolo así durante toda la vida). Esta desconfianza hacia lo nuevo y desconocido no es, por supuesto, sólo una consecuencia de la educación masiva. Toda la interacción social es una forma de educación y todas las actividades masivas de cualquier clase pueden ser perturbadas por algún individuo que desafíe seriamente el consenso. En religión, política, negocios, en las relaciones normales de la vida, el innovador, el que va contra la corriente es siempre perturbador. |
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Así, pues, la educación masiva, dado que forma al individuo a una edad temprana y conlleva una aura de autoridad y aprobación pública, supone un arma particularmente eficiente contra la creatividad. Bueno, pues, ¿hay algo que podamos hacer para estimular la sociedad creativa, en la cual la mayor cantidad posible de individuos sean creativos y no se les perjudique por ello? (Y debemos tener en cuenta que la creatividad es un concepto muy amplio. Estamos acostumbrados a relacionarlo con las bellas artes, la literatura y la ciencia, pero uno puede ser creativo en cualquier campo. Yo también considero creativo a un coleccionista de sellos innovador o a un saltador de pértiga original.) Por ejemplo, podríamos reorganizar nuestro sistema educacional a fin de lograr la relación individual entre profesor y estudiante. Debemos hacer posible que cada estudiante, y no sólo una afortunada exigua minoría, pueda sentarse a la mesa con un Mark Hopkins. Pero, ¿cómo podríamos llegar a tener tantos profesores como estudiantes? ¿No resulta una imposibilidad evidente tener un profesor para cada estudiante? Esto ha sido así en el pasado y sigue siéndolo en la actualidad, pero no tiene que continuar en el futuro. Tendremos que construir los profesores. Supongamos que nuestra civilización dure hasta el siglo XXI (algo que no es demasiado seguro) y que la tecnología continúe progresando. Imaginemos que los satélites de comunicaciones se hagan numerosos y mucho más sofisticados que los situados hasta ahora en el espacio. Supongamos que en lugar de las ondas de radio, se utilizan rayos láser de luz visible para llevar mensajes de la Tierra al satélite y viceversa, mientras que fibras ópticas, u otras técnicas aún más avanzadas, se usaran para las comunicaciones en la Tierra. En estas circunstancias, habría espacio para muchos millones de canales separados para la voz y la imagen, y no sería difícil imaginar que cada ser humano de la Tierra tendría una longitud de onda de televisión particular, del mismo modo que ahora tenemos cada cual un número de teléfono propio. Podemos imaginar que cada niño tendría su máquina de enseñar particular, que podría conectar, en determinados momentos convenientes. Sería una máquina de enseñar mucho más sofisticada y completa de lo que ahora podemos imaginar, ya que la tecnología de las computadoras se habría desarrollado entretanto. Podemos esperar razonablemente que la máquina de enseñar llegue a ser lo bastante compleja y flexible como para modificar su propio programa (o sea, "aprendiendo"), como resultado de las incorporaciones efectuadas por el estudiante. En otras palabras, el estudiante haría preguntas, comprobaciones, contestaría a formularios de preguntas. La máquina se adaptaría al ritmo conveniente para el estudiante y seguiría la dirección que éste le marcara. No tenemos por qué creer que la máquina de enseñar sería completamente autónoma o tan finita como un objeto del tamaño de un televisor. Podemos imaginar que la máquina tendría a su disposición cualquier libro, periódico, documento, grabación o video-cassette en una extensa y bien ordenada biblioteca planetaria. Y si la máquina tiene esto a su disposición, el estudiante también lo tendrá, ya sea proyectado directamente en una pantalla o impreso en un papel para un estudio más detenido. Por supuesto, esto no quiere decir que las técnicas de educación de masas vayan a ser, o puedan ser, completamente remplazadas. Hay temas que requieren interrelaciones de grupo: el atletismo, teatro, etc. También es valioso, e incluso necesario, obtener experiencia con el trato humano. Pero también existirá la formación individual cuando sea conveniente. Para regresar a nuestra anterior metáfora, la educación del futuro podría ser como una visita a un enorme museo durante la cual, en momentos determinados, el grupo pueda separarse, contando cada uno con la compañía de un guía particular que nos conduzca a las salas que nosotros anhelemos visitar. Todo esto será incorporado a la memoria cibernética, a fin de que pueda ser aprovechado por los que vengan detrás. La sinergia cerebral y la creatividad estimulada de la especie humana efectuarán unos avances imposibles ahora de predecir. Pero todo eso es el futuro, y ahora estamos en el presente. Los que somos adultos ya hemos vivido en una época en la que se ha ahogado la creatividad, y cuanto hemos creado es susceptible de mejora. Lo que es más, podemos tener hijos que estén en el proceso de ver reprimidos sus estímulos y que necesiten sobrevivir lo más indemnes posible. ¿Qué se puede hacer? El primer mandamiento de la creatividad es: "Estarás interesado". Podrá parecer que otras cualidades serían más importantes como punto de partida. Por ejemplo, para escribir mis 198 libros (éste es el que hace el 198), he tenido que reunir una enorme cantidad de información, permanecer frente a mi máquina de escribir largos períodos de tiempo, y encauzar mis ideas en unas frases inglesas cuidadosamente escogidas. ¿No requiere eso inteligencia, perseverancia, laboriosidad, voluntad, intuición y otras muchas admiradas características que la gente cree son innatas? Y, si usted no posee esas cualidades, ¿quiere decir que ha fracasado antes de empezar? |
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No. Todas esas palabras -inteligencia, perseverancia, laboriosidad, intuición- son conceptos relativos que sólo se pueden aplicar a algunas facetas de las actividades de una persona. Un joven que en la escuela pueda parecer obtuso e irremediablemente holgazán, sin embargo, trabajando bajo el capó de un automóvil es posible que resulte todo un genio. En lo que a mí respecta, ¿puedo probar que poseo todas las buenas características antes mencionadas? No sé, por ejemplo cómo coger un martillo para poner un remache. Y no poseo inteligencia, perseverancia, laboriosidad, voluntad, intuición, ni nada semejante para algo que no me interese, como ir a comprar ropa. Todo esto quiere decir que cualquier persona normal que trabaje en una actividad que le interese mucho, será lo bastante inteligente, perseverante, laborioso e intuitivo para demostrar que es creativo. Tengamos primero interés, y lo demás se nos dará por añadidura. Bueno, pues, ¿cómo se logra que una persona se sienta interesada? No se puede. Elija una materia en la que, por una razón u otra, crea que pueda estar interesada tal persona y trate de forzar tal interés. Existirán grandes probabilidades de que fracase. Sin embargo, si mete la nariz en toda clase de asuntos, podrá, de forma espontánea y sin esfuerzo, encontrar algo que le interese. Supongamos que usted no encuentra nada que le interese. En tal caso, el daño que le ha hecho la escuela ha sido bastante grave. Los niños sienten interés por casi todo. Tenemos que pasarnos la mitad del tiempo evitando que sientan interés por tocar las llamas, o por bajar a la calle a jugar con los automóviles a toda velocidad. Conforme avanza la edad, el interés adquiere un carácter selectivo. No es probable que se deje de sentir interés por todo. Si usted siente el suficiente interés para leer este libro, ello prueba que su curiosidad sigue despierta. Y el corolario de esto es que si usted quiere que su hijo sea creativo, lo deje hallar su propio interés (mientras no sea el de esquivar los automóviles en marcha) y lo apoye en ese sentido, aun cuando el de su hijo no sea el interés de usted... El segundo mandamiento de la creatividad es: "Serás valiente. " Hacer o decir algo nuevo y poco convencional es una manera segura de irritar a quienes, por sus inclinaciones o por no saber resistir la presión social, nunca hacen nada que no hayan hecho otros y que siempre se ha hecho igual. La falta de convencionalismo y la innovación pueden incluso irritar a algunos que son creativos, si bien en un campo muy diferente. La respuesta a la irritación puede variar de acuerdo con la permisividad de la sociedad convencional en la que se halle el individuo creativo. En ciertas épocas y en ciertos lugares, la persona que produce algo nuevo de palabra o de obra, ha sido encarcelada, torturada, quemada en la hoguera o, en un caso bien conocido, crucificada. Afortunadamente, éstos son casos excepcionales y en los Estados Unidos no tenemos por qué temer reacciones muy extremas. |
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Sin embargo, pueden producirse consecuencias menores tales como pérdidas de empleo, ostracismo social, o incluso el ridículo. Si usted quiere ser popular, aceptado, bien recibido, no tiene más que seguir la corriente y suprimir cualquier deseo de ser un individuo incómodo o demasiado conspicuo. Sin embargo, esto supone un elevado precio, como podrá testificar cualquier persona que haya probado las dichas que proporciona la creatividad. Algunos campos de la creatividad despiertan más hostilidad que otros. Algunas personas son menos valientes (¿testarudos?) por naturaleza que otros. Si su hijo siente interés por una materia que pueda causarle dificultades, usted puede brindarle un apoyo que le dé, al menos, algo de fuerza para enfrentarse con el resto del mundo. Un astrónomo creativo puede concebir cuentos de un planeta Venus moviéndose irregularmente, basándose en leyendas poéticas, y un arqueólogo imaginativo puede inventar astronautas de la Prehistoria basándose en artefactos antiguos incomprensibles. Pero ambos pueden estar completamente equivocados, su trabajo resultará inútil, y ni toda la creatividad del mundo bastará para darles la razón. Soy consciente de ello. El tercer mandamiento de la creatividad es: "Serás humilde. " La creatividad es una espada de doble filo. Todos los progresos culturales y sociales se deben a la creatividad de una minoría de seres humanos. Una gran parte de las calamidades que la Humanidad ha tenido que soportar ha sido resultado de la creatividad. Sería bueno que pudiéramos encontrar la diferencia entre lo útil y lo perjudicial en nuestros propios actos y pensamientos creativos, de forma para evitar a la sociedad la molestia de hacerlo, con lo cual se corre el riesgo de que se condenen la innovación y la creatividad en bloque por el daño que hayan podido causar algunos. Si usted es un incendiario auténticamente creativo, por ejemplo, que descuella en su dedicación en cuanto a habilidad e ingenio, será tratado como un criminal si lo cogen y su creatividad no le servirá de excusa. En tal sentido, Hitler y Goebbels eran geniales en manipular las emociones de las masas. Pero, ¿se les podría dar la absolución por sus actos? |
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Asimismo, mientras la creatividad en las artes siempre ha tenido sus puntos de interés independientemente del mundo exterior, la creatividad en la ciencia debe producir algo que esté relacionado con el Universo, o si no resulta inútil. |
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