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Conforme avanzaba la década de los setenta de nuestro siglo, la gente que trabajaba con los genes aprendió a manipularlos de forma para ofrecer al mundo la posibilidad de reformar especies, e incluso de crear nuevas. Se extendió un temor generalizado, similar a los que mencioné al final de mis dos ensayos anteriores. El miedo se hizo tan grande que amenazó con ir demasiado lejos, poniendo con ello fin a la investigación científica. El siguiente ensayo es, en parte, un intento de disipar las aprensiones que puedan surgir sobre este particular. |
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La escena genética |
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Ustedes son una masa de reacciones químicas: millares de ellas. Dentro de ustedes, los electrones saltan continuamente de átomo en átomo; los átomos y grupos de átomos saltan de molécula en molécula; pequeñas moléculas se integran en otras mayores y moléculas grandes se dividen en pequeñas. Todas las diferentes reacciones son cuidadosamente orquestadas en un delicado equilibrio capaz de seguir uno u otro camino con gran precisión. Estos millares de reacciones químicas, trabajando de forma conjuntada, los transformó a ustedes del apenas visible óvulo que constituyó su primera existencia, en las personas adultas que son ahora. En la actualidad continúan permitiéndoles pensar y moverse, crecer y curarse, adaptarse a su ambiente de mil maneras. Las reacciones químicas de una persona no son exactamente iguales que las de su semejante, y por ello todos somos diferentes, -tas reacciones químicas de una jirafa, de una ostra, o de un roble Son muy diferentes de las nuestras; por ello las chispas iniciales de vida, al desarrollarse, se mueven infaliblemente hacia la madurez en la forma de seres humanos, jirafas, ostras o robles. Cada reacción química es gobernada por una compleja molécula llamada "enzima". Una enzima particular producirá un cambio particularmente rápido de electrones o de grupos de átomos... un cambio que, en su ausencia, se produciría muy lentamente, o no se produciría. Cada cosa viva en la Tierra tiene su provisión de enzimas diferentes. Según el número exacto y la naturaleza y eficiencia de sus enzimas, se produce un sistema particular de reacción química que dirige las características de esa cosa viva y la convierte en lo que es. Cada enzima se produce de acuerdo con las especificaciones dadas por otra compleja molécula denominada "ácido desoxirribonucleico", o, de forma abreviada, ADN; incluso a veces se le llama "gen". Las moléculas de ADN están dispuestas en largas cadenas dentro de cada célula viva, formando lo que se denomina "cromosomas". Cada molécula individual de ADN está compuesta por una larga cadena de cuatro diferentes clases de pequeñas unidades, que pueden combinarse en cualquier orden. El número de posibles combinaciones diferentes es demasiado vasto para expresarlo fácilmente; digamos sólo que hay infinitos billones de billones de ellos. Cada diferente combinación de las pequeñas unidades forma una molécula de ADN diferente; cada molécula diferente de ADN supervisa la producción de una enzima diferente; cada enzima diferente puede producir dos reacciones químicas distintas. Si dos enzimas diferentes producen la misma reacción química, una de ellas lo hace con algo más de eficiencia que la otra. |
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Cada conjunto diferente de moléculas de ADN en un organismo particular (en cualquier parte de docenas a millares de moléculas que forman el conjunto) produce un sistema diferente de reacción química y, con ello, un tipo diferente de ente vivo. Cada molécula de ADN es capaz de reproducir otras idénticas a ella ("reproducción"). Cuando un solo óvulo madura para convertirse en un individuo que contenga billones de células, las moléculas originales de ADN han producido un número suficiente de otras moléculas iguales a ellas para proveer a todas las demás células. Las cosas vivientes individuales también producen moléculas de ADN que pueden ser legadas a la descendencia. Cada ente vivo nace con un conjunto de moléculas de ADN que ha heredado de sus padres. Ya que las moléculas de ADN son los duplicados de las de los padres, los sistemas de reacción química resultante aseguran que el joven se parezca a los progenitores. Los perros tienen perritos, y los gatos tienen gatitos; nunca es al revés. Sin embargo, si las moléculas de ADN son capaces de reproducción, el proceso es sumamente complicado. A veces se producen errores y, en ocasiones, una molécula de ADN llega a producir otra que es ligeramente distinta. Esta molécula diferente de ADN entonces se reproduce y persiste, si bien, ocasionalmente, puede Cambien producir una variante. Tales cambios espontáneos en las moléculas ADN son "mutaciones". Existe una continua llovizna de mutaciones y ésa es una razón por la que los niños no son exactamente como sus padres, o un hermano como otro hermano. Presiones evolutivas se aprovechan de esas diferencias accidentales, de modo que, con los eones, se forman nuevas especies y surge una inmensa variedad de entes vivos de lo que originalmente fue un fragmento de vida microscópica vagando por el océano primordial hace tres mil millones de años. La evolución siempre ha actuado ciegamente, dependiendo de las mutaciones que se fueran produciendo al azar o de las condiciones ambientales que hicieran algunas mutaciones más afortunadas que otras ("selección natural"). Sin embargo, los seres humanos pueden sustituir el azar por una dirección inteligente. Desde luego, los científicos pueden crear mutaciones, idear mutaciones específicas y decidir cuáles de éstas merecen estímulos para continuar existiendo. En este preciso momento, las bacterias son el objetivo principal de tal "ingeniería genética". Se trata de simples organismos unicelulares, cada uno de ellos muy pequeño y que se multiplican rápidamente, de modo que muchas mutaciones pueden ser estudiadas en un pequeño espacio y durante un corto período de tiempo. Además, las bacterias son químicamente complejas. Pueden efectuar un número de reacciones químicas que son incapaces de realizar organismos más complicados, de manera que los científicos tienen una variedad particularmente amplia de diferentes moléculas de ADN con las que trabajar. La principal técnica utilizada por los científicos ahora es descomponer varias moléculas de ADN en partes más pequeñas y Después combinarlas de otro modo. Por esta razón, semejante trabajo se dice que es realizado con "ADN recombinante". Ya que las partes de ADN pueden ser unidas en nuevas combinaciones, el ADN recombinante puede representar un gen completamente distinto, y la bacteria que posea tal gen tendrá propiedades químicas por completo, distintas de las de sus semejantes. Con la manipulación de las moléculas de ADN, los biólogos pueden saber hasta los más íntimos detalles de su funcionamiento, y lo que se descubra de las bacterias puede ser aplicado a organismos más complejos, incluso a nosotros mismos. En definitiva, todas las cosas vivientes, ya sean simples o complejas, dependen de las moléculas de ADN como planes químicos, y todas lo hacen así de un modo esencialmente igual. También podría ser posible utilizar esta clase de investigación para la producción de nuevos tipos de bacterias con nuevas y muy útiles posibilidades químicas. Por ejemplo, la diabetes es una enfermedad muy común, y los diabéticos necesitan insulina si desean llevar una vida normal. La insulina se obtiene del páncreas de los mamíferos, y sólo hay un páncreas por animal sacrificado. Esto significa que la insulina escasea y la cantidad requerida no se puede aumentar fácilmente. Sin embargo, la insulina se forma por la acción de un gen particular. (A causa de que este gen es defectuoso de un modo u otro en algunos seres humanos, éstos se ven aquejados de diabetes.) De varios fragmentos de ADN se podría formar una molécula de ADN apropiada, capaz de dirigir la formación de insulina, desarrollando con ello una raza de bacterias que contenga la mencionada molécula de ADN. De este modo se podría obtener la insulina de cultivos bacterianos en cantidades razonables. Podríamos crear bacterias capaces de formar otras hormonas; o de formar ciertos factores sanguíneos necesarios para la coagulación de la sangre, factores de los que carecen los hemofílicos; o de formar nuevos y altamente específicos antibióticos; o de elaborar vacunas para ser empleadas contra agentes de la enfermedad aún más pequeños, los virus. A pesar de ello, no tenemos por qué crear bacterias sólo para que sean como obreros fabriles químicos. También podrían ser agricultores. Los compuestos con contenido de nitrógeno que se hallan en el suelo son esenciales para el crecimiento de las plantas. Cuando se incorporan a las plantas pero son sustraídos por la lluvia, el suelo puede llegar a convertirse en árido. No obstante, hay millones de toneladas de gas de nitrógeno en la atmósfera que las plantas no pueden utilizar. Sin embargo, algunas bacterias del suelo tienen la poco frecuente habilidad de combinar nitrógeno libre en el aire con otras sustancias, a fin de formar compuestos que contengan nitrógeno y remplacen el que ha perdido el suelo. La actividad de tales bacterias "formadoras de nitrógeno" es algo de lo que dependen todas las formas de vida superior. Podríamos crear bacterias que formen nitrógeno de forma aún más rápida y eficaz, con el fin de utilizarlas como una nueva clase de fertilizante que pueda multiplicar nuestra producción agrícola. |
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También podríamos crear razas de bacterias que puedan producir alimento utilizando la energía solar igual que hacen las plantas verdes. Asimismo podríamos crear tipos de bacterias que empleen la luz solar para convertir la molécula de agua en hidrógeno y oxígeno, con lo que obtendríamos una fuente energética inagotable. En otro aspecto, las bacterias son unas grandes carroñeras. Las bacterias de la podredumbre descomponen todos los fragmentos de bacterias que antes tuvieron vida, incluso fragmentos que no puede dominar otra clase de vida. Si su labor se detuviese, el mundo quedaría cubierto de basura indestructible, la cual se acumularía hasta acabar con toda la vida. Estas actividades carroñeras deben ser mejoradas. Supongamos que se puedan desarrollar bacterias que sean sumamente eficientes en convertir madera y paja en azúcar, o absorbiendo moléculas de hidrocarburo para convertirlas en azúcar y proteína. Las bacterias que absorbieran hidrocarburos podrían ser utilizadas para eliminar residuos grasos de todas clases, no sólo sacándolos del medio ambiente, sino convirtiéndolos en material que, tras un proceso de comer y ser comido, pudiera llegar hasta nuestras mesas. También se podrían desarrollar bacterias que pudiesen descomponer plásticos que hubieran sido especialmente tratados para su destrucción. Del mismo modo se podrían crear bacterias que concentraran partículas de metal que se hallaran en desechos o en agua del mar. Las posibles ventajas de la ingeniería genética son evidentes. ¿Puede haber alguna desventaja? Los que así piensan deberían considerar que es diez mil años demasiado tarde. Los humanos han interferido en la evolución desde que domesticaron animales y desarrollaron la agricultura. Los seres humanos prehistóricos quizá no supieran nada acerca de los genes, pero sabían cómo dirigir los apareamientos de los animales y la fertilización de las plantas, así como seleccionar la descendencia y las semillas que deseaban conservar. Los animales y plantas domésticos que ahora tenemos se parecen muy poco ya a las salvajes y primitivas versiones de las que descienden. Existen en numerosas razas por completo distintas entre sí; algunas no podrían existir sin constante cuidado humano. Todas ellas son resultado de una primitiva ingeniería genética experimental. Lo que es más, hemos mejorado constantemente el crecimiento y expansión de nuestros animales y plantas domésticos, en detrimento de las especies salvajes. Ahora nuestras grandes habilidades nos ayudarán a hacer con los gérmenes lo que hicimos con las plantas y los animales: desarrollar tipos domesticados y útiles en detrimento de los salvajes. ¿Es eso tan malo? ¿Es que alguna vez la agricultura y la ganadería han roto el equilibrio ecológico de las especies? Probablemente sí, pero ése es el precio que hemos pagado por desear todos vivir más, mejor y con mayor seguridad. |
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No podemos echarlo todo por la borda. No podemos "restaurar la Naturaleza" volviendo, en cierto modo, a una existencia de recolectores de alimentos al estilo de los chimpancés. Entonces la Tierra sólo podría mantener a unos veinte millones de personas, ¿Qué tendríamos que hacer con los otros cuatro mil millones de seres humanos? Lo que sí podemos hacer es avanzar y, mediante la ingeniería genética, ayudar a mejorar el equilibrio ecológico de las especies. Bacterias domesticadas que aumenten la fertilidad del suelo, eliminen desechos, e incluso quizá proporcionen comida directamente, nos podrían permitir depender menos de la utilización de los campos para cultivos y rebaños (siempre que también aprendamos a limitar nuestro número reduciendo la natalidad). El continuo desarrollo de técnicas de ingeniería genética nos podría permitir mejorar el equilibrio ecológico mediante una prudente manipulación de los genes de las plantas y animales superiores. Pero, ¿qué sucedería si al desarrollar nuestras razas de bacterias, cometiéramos un error de alguna clase? ¿Qué pasaría si inadvertidamente se desarrollara una bacteria que fuera de algún modo dañina y se escapara del laboratorio? ¿Qué sucedería si llegásemos a producir una terrible enfermedad infecciosa contra la que el cuerpo humano no tuviera defensa? Este temor concreto es el que produce una presión popular contra toda la ingeniería genética, con proposiciones para que se detengan todos los trabajos en este sentido. Actualmente, pocos tipos de experimentos en este campo suponen peligro alguno, e incluso en los que pudiera haber algún riesgo, éste es muy pequeño. Sin embargo, los científicos de este campo son conscientes del peligro, y, en 1974, detuvieron voluntariamente ciertos tipos de experimentos hasta que se pudiese efectuar una correcta evaluación del riesgo. Ahora, el Instituto Nacional de la Salud ha trazado directrices para estas investigaciones. Algunas líneas de experimentos están completamente prohibidas, aun cuando los riesgos no sean grandes. Otros tipos de experimentos, en los que los riesgos son aún menores, pueden desarrollarse en unos pocos lugares en los que se han tomado toda clase de medidas de precaución, tales como filtros de aire, gabinetes de seguridad especial, cambio de ropa, etc. También se permiten unos niveles de investigación menos peligrosos, tomando menos precauciones, pero hasta los más inofensivos requieren cuidadosos procedimientos destinados a evitar complicaciones. Hasta la fecha, no se sabe que haya causado ningún problema recombinar ADN, y la verdad es que si queremos preocuparnos por lo peor -enfermedades infecciosas frente a las que no tengamos defensa y para la cual no haya tratamientos y que maten a casi todo el mundo que alcancen-, ya existe de forma natural. Algunas infecciones víricas que han despertado la atención mundial últimamente en África, tales como la fiebre Lassa y el virus Marburg, son altamente infecciosos y fatales en casi el cien por cien de los casos. |
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Han sido tratados (hasta ahora sin problemas) con la utilización de precauciones adecuadas. Posteriores investigaciones en ingeniería genética podrán enseñarnos a combatir semejantes infecciones. En conjunto, las posibilidades de obtener beneficios de la investigación en la ingeniería genética son tan grandes, y las posibilidades de desastre son tan pequeñas y tan escrupulosamente prevenidas, que podría constituir una tragedia prescindir de lo primero por un exagerado miedo a lo segundo. |
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