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Debe notarse que al final del ensayo precedente, he expresado ciertas dudas acerca de un excesivo control de los mecanismos de la vida. He hecho lo mismo en el siguiente ensayo, que fue publicado mucho antes y que trata de un aspecto de la vida que es aún más fundamental. Incidentalmente, debo advertir a mis gentiles lectores que mi autocomplacencia no constituye una evidencia de que todo lo que escribo es rutinariamente aceptado, incluso en esta época de mi vida y con mi reputación. Por ejemplo, este ensayo fue escrito por solicitud de Playboy, pero una vez lo hubieron leído, manifestaron que deseaban introducir cambios que yo consideré inaceptables. Así, pues, retiré el articulo y esperé otra solicitud más apropiada. Tal solicitud llegó, si bien no fue remunerada tan lucrativamente. En el presente caso, el Boston University Journal no me pagó del mismo modo en que lo hubiera hecho Playboy. De hecho, el Boston University Journal no me pagó nada, si bien ellos deseaban publicar el artículo tal como yo quería, y esto tiene más valor que el dinero... sobre todo si uno tiene la fortuna de no necesitar el dinero de forma apremiante. |
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Usted es un catálogo |
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"¡Puedo leerlo como un libro!" Esto es lo que solemos decir cuando interpretamos claramente a otra persona. Se trata sólo de una metáfora, por supuesto, pero con los rápidos avances científicos de estos días, las metáforas acostumbran convertirse en hechos incontrovertibles. Somos como libros, por decirlo así, y los biólogos están aprendiendo a leer semejantes libros. Para ser más concreto, cada criatura viviente contiene un catálogo, a menudo varios ejemplares de ese catálogo. Un individuo humano contiene millones de ejemplares. En cada catálogo hay una descripción de todas las partes clave que un organismo necesita en el curso de su vida, además de un sistema de ordenar las partes particulares cuando ello es necesario y eliminar el exceso. Diferentes porciones de la criatura están provistas con diferentes grupos de partes, de modo que la comida es digerida aquí, la luz detectada allí y los venenos eliminados en la otra parte. Los catálogos difieren en tamaño. En el caso de los virus son muy pequeños; tan pequeños que el virus no puede arreglarse por completo con sus propias disponibilidades. Debe invadir a criaturas mayores y saquear sus mejor provistos depósitos. Las bacterias poseen catálogos mayores, si bien aún resultan pequeños. Los organismos más complicados tienen catálogos más grandes todavía. Y los mamíferos, tales como el hombre, son vastos y enciclopédicos. Pero todos los catálogos, desde el virus al hombre, están (los biólogos tienen fuertes razones para creerlo así) escritos en el mismo lenguaje. Al arrancar las páginas del catálogo de las criaturas simples y aprendiendo a leerlas, aprendemos asimismo a leer el catálogo humano. Una vez aprendemos a leer el catálogo, debemos saber cómo ordenar las partes para conseguir nuestros propósitos, más bien que vernos forzados a esperar que otros organismos lo hagan de un modo propio de ellos. Por ejemplo, cultivamos hongos para elaborar penicilina. ¿Por qué no extraer una parte concreta del catálogo y obtenerla sin el hongo? Un sistema sintético, sin el hongo, puede requerir menos atención y operar con mayor concentración y, por lo tanto, eficiencia. Quizá combinando partes de una manera distinta, o alterando algunas partes deliberadamente, podríamos elaborar sustancias químicas que no se hallan en la Naturaleza, produciéndolas así de forma más barata y en mayores cantidades de lo que pueden hacer nuestros químicos. Al manipular las partes del catálogo en un organismo intacto, quizá podríamos realizar actos superiores a nuestras posibilidades normales. Una estrella de mar puede hacer que le crezca de nuevo uno de sus brazos, mientras que un humano es incapaz de ello. Sin embargo, la estructura humana posee la capacidad de hacerlo en una fase de su desarrollo, ya que le crecen dos brazos cuando es un embrión. ¿Sería posible coger una porción del muñón de un brazo perdido, "reeducarla" en el sentido adecuado del catálogo y entonces repuesta de modo para que creciera el nuevo brazo? |
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Del mismo modo, ¿podría ser reeducada una glándula afectada, a fin de que produzca una hormona adecuada? ¿Puede ser reeducado el cuerpo para eliminar una serie de enfermedades, que, como la diabetes, se producen a consecuencia de una imperfección en el catálogo? Algunos biólogos sospechan que el catálogo incluye todos los recuerdos potenciales que pueden ser experimentados por un individuo. ¿Llegará algún día en que los recuerdos penosos sean erradicados por completo y no simplemente tapados o reprimidos? O, imagínese, ¿podrían incorporarse a nuestra memoria recuerdos agradables? Sólo vivimos una vez, pero quizá podríamos recordar cinco o seis vidas. También se sospecha que el envejecimiento es un proceso natural motivado por el sistema que ordena las partes del catálogo. Existe la esperanza de que si pudiéramos intervenir en tal sistema conseguiríamos vivir eternamente... o al menos hasta que nos aplastara una apisonadora. O supongamos que empezamos desde el principio, con un óvulo fertilizado. Inmediatamente después de la fertilización, podríamos leer su catálogo y decidir si debemos permitir que continúe el desarrollo. ¿Por qué molestarse si el catálogo es muy defectuoso? ¿Qué deberíamos hacer si faltaran una o dos cosas, pero, por lo demás, el catálogo fuera excelente? ¿Por qué no facilitarle las partes faltantes? De hecho, ¿por qué no experimentar con componentes? De este modo, ¿no crearíamos nuevas razas y nuevas especies? Si trabajamos con hombres, ¿llegaremos a crear superhombres? Dicho en breves palabras, ¿no nos convertiremos en dioses, al crear hombres (para bien o para mal) según la imagen de nuestros propios ideales? No podemos decir lo cerca que estamos de utilizar semejante estremecedor poder divino, pero considerando la rapidez de nuestros progresos, quizá sólo nos falten décadas para conseguirlo. Es posible que viva ya hoy el hombre que sea el primero en alterar un óvulo fertilizado y provoque el nacimiento de una rana (pongamos por caso) que no sea exactamente igual a la rana que empezó a desarrollarse: Quizá ya esté también entre nosotros el hombre que algún día extraiga células de una glándula defectuosa, las altere, haga que la porción alterada crezca en un cultivo bastante grande y después las reincorpore, con su poder curativo, al organismo original. Millones de seres vivientes hoy podrán verlo. Bueno, veamos qué hay detrás de todo esto. Las criaturas vivientes, desde las bacterias hasta las secoyas, y desde las amebas hasta las ballenas, están compuestas de células. Una criatura muy pequeña, tal como una ameba individual, consiste en una sola célula. Un ser humano posee unos cincuenta billones: 50.000.000.000.000. Cada célula es una clase de unidad química y física independiente, si bien las muchas que pueden existir en un organismo individual trabajan en excelente cooperación. Si podemos descubrir suficientes detalles de la maquinaría celular referentes a cada clase diferente de célula humana, entonces, sin demasiados esfuerzos seríamos capaces de interpretar el funcionamiento del ser humano como un todo. |
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Dentro de cada célula se producen constantemente millares de distintos cambios químicos. Las agrupaciones de átomos denominadas moléculas experimentan una constante reorganización. En un sitio puede disgregarse un átomo; en otro sitio puede agregarse. Una molécula puede pasar a través de una fina separación; otra puede no hacerlo. Lo complicado del cambio, aun cuando se vea afectada la menor gota de materia viviente, una gota demasiado pequeña para ser vista con la simple mirada, es inimaginablemente grande. Pero, ¿qué produce esos cambios químicos? Dejados solos, la mayor parte de esos cambios se realizarían muy lentamente; en algunos casos, con increíble lentitud. Sin embargo, en cada célula hay intrincadas moléculas proteínicas llamadas "enzimas". Cada una de ellas tiene una altamente especializada superficie compuesta por modelos atómicos definidos, y sobre esa superficie sólo puede producirse rápidamente una clase de cambio químico. Una célula puede tener millares de enzimas diferentes y sólo se producirán esos cambios químicos rápidamente cuando intervengan tales enzimas. En realidad, no hay dos seres humanos (con excepción de los gemelos univitelinos) que tengan el mismo modelo de enzima en sus respectivas células, de modo que los órganos y tejidos cambian según las personas. Esto puede constituir un asunto de vida o muerte para una persona que necesite un nuevo riñón y sin embargo, su cuerpo rechace el riñón trasplantado de cualquier otro individuo porque el modelo de enzimas del nuevo riñón sea extraño. Sólo un riñón de un gemelo univitelino (si el paciente tiene la gran suerte de tener uno) será aceptado con seguridad. ¿Por qué tienen las enzimas esa amplia potencialidad para ser tan distintas entre sí? Bueno, pues cada molécula de enzima está compuesta de doscientas unidades menores denominadas aminoácidos. Hay veinte aminoácidos diferentes en las enzimas y una molécula individual de enzima puede estar formada por cualquier número de éstas, dispuestas en cualquier orden. Supongamos que ustedes quisieran formar "palabras" de las veinte letras del alfabeto, de la A a la T, y hacer cada palabra de una longitud de ciento cincuenta letras. Supongamos que cualquier combinación de letras constituya una palabra, de modo que la combinación qertioplkjhgfdsacbnmlkhhgfdsasdgh (sigue) jklkjhgfdsaqeqerertitioioplokikolkijhjgtgfrferfdsqaqasdfghjklkjhgfdsacdfgcfcfbn (sigue) hnjmklkmnbnmnbnmnmiojplkojkkkjhgfds sea una de esas palabras. ¿Cuántas palabras podría usted formar si cada disposición diferente (por pequeña que sea la diferencia) fuera una palabra distinta? No se molesten en hacerlo; yo les daré la respuesta. Escriban un tres y después, a continuación, escriban ciento noventa y cinco ceros. Si ustedes desean expresar el número en palabras, pueden aproximarse diciendo tres mil billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón, billón. Y si admiten palabras que sean más cortas de 150 letras, aumentarán aún mucho más el número total. Esto les podrá dar una idea aproximada de cuántas enzimas diferentes pueden llegar a existir. Cada enzima de su cuerpo puede ser diferente; cada enzima en cada organismo que haya vivido alguna vez sobre la tierra puede ser diferente; y aun entonces la capacidad potencial para la variación en la molécula de enzima no estaría completamente agotada. Sin embargo, cada célula tiene ciertas enzimas y no otras. La célula de un hígado humano tiene un conjunto de enzimas, y la célula del hígado de una rana contiene otro conjunto. Desde luego, cuando una célula de hígado en su cuerpo se divide para formar dos nuevas células, cada célula hija posee el mismo conjunto de enzimas que tenía la célula original. ¿Qué hace que cada nueva célula hepática "sepa" cómo formar las enzimas correctas de entre los billones de billones de billones de diversas posibilidades? Aparentemente, cada célula posee un conjunto de instrucciones que puede transmitir a otras células, y sería de suma importancia descubrir y comprender tales instrucciones. Hace sesenta años, empezó a resultar aparente que esas instrucciones, fuera cual fuese su naturaleza, estaban localizadas en ciertos cuerpos denominados "cromosomas" que, a su vez, estaban situados en el núcleo central de la célula. Resulta más fácil ver estos cromosomas (con la tinción química adecuada) en el momento en que se divide la célula, cuando parecen un confuso amasijo de spaghetti. Cada especie de criatura tiene un determinado número de cromosomas en cada una de sus células. Los seres humanos tienen cuarenta y seis cromosomas por célula. Dado que los cromosomas siempre existen en parejas, podemos decir muy bien que los seres humanos poseen veintitrés pares de cromosomas por célula. Antes de que la célula se divida, cada cromosoma produce una exacta réplica de sí mismo (un proceso denominado "replicación"), de modo que existen temporalmente dos conjuntos idénticos. Cuando la división de la célula es completa, cada célula hija ya ha recibido uno de estos conjuntos. En otras palabras, cada célula, al formarse, hereda un conjunto completo de instrucciones. El conjunto de instrucciones originalmente presente en la célula individual en que consiste el óvulo fertilizado se extiende mediante una duplicación ininterrumpida hasta constituir los cincuenta billones de células del cuerpo humano. Cuando una célula sexual es formada por el cuerpo (un óvulo en el caso de la mujer, y esperma en el caso del hombre) recibe sólo medio juego de cromosomas; uno de cada par de cromosomas. ¿Cuál de cada par? Esto es algo que depende del azar. Cada célula sexual puede tener un cromosoma 1a o 1b, un cromosoma 2a o 2b, y así sucesivamente. Cualquier combinación de aes y bes es posible de entre veintitrés pares. El número total de diferentes combinaciones de cromosomas que son posibles en las células sexuales de un ser humano determinado alcanza la cifra de ocho billones (8.000.000.000.000), sin que haya dos de ellas exactamente iguales, ya que los cromosomas individuales de cada pareja nunca son exactamente iguales. |
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Cuando un espermatozoide fertiliza un óvulo, este óvulo fertilizado resultante posee un conjunto completo de cromosomas: veintitrés pares. Uno de cada par procede de la madre y otro del padre, de modo que la criatura hereda igualmente por ambas partes, si bien lo que hereda exactamente de cada cual viene determinado por el azar. Ya que el espermatozoide y el óvulo pueden cada uno poseer cualquiera de los ocho billones de modelos de cromosomas, el producto final puede ser cualquiera de ocho billones de veces ocho billones, o sea sesenta y cuatro billones de billones (64.000.000.000.000.000.000.000.000) de modelos. Ni siquiera constituye el límite, ya que los cromosomas pueden, en el proceso de formación de células sexuales, experimentar sutiles cambios que posteriormente multiplican de forma enorme el número de diferentes posibles modelos. Por ello no tiene nada de particular que los hermanos y hermanas no sean demasiado parecidos. (Los gemelos univitelinos se originan de un solo óvulo fertilizado, y constituyen un caso especial.) De hecho, son inmensas las probabilidades en contra de que cualquier ser humano sea exactamente igual a otro ser humano que haya existido alguna vez. Pero, ¿qué contiene las instrucciones en los cromosomas? Los cromosomas están compuestos de dos tipos de sustancias. Una de éstas es del tipo de las proteínas, como las enzimas. La otra es por completo distinta; se trata de algo denominado "ácido desoxirribonucleico", que casi siempre es citado con las iniciales ADN. A mediados de los años cuarenta, se demostró que el ADN era el componente clave de los cromosomas, lo cual sorprendió a casi todos los bioquímicos, ya que tenían sus miras puestas en la proteína. La molécula del ADN es aún más grande y complicada que la molécula proteínica corriente. Está formada por una cadena de unidades menores denominadas "nucleótidos" y existen cuatro variedades que denominamos A, B, C y D. Puede parecer que una molécula compuesta de cuatro unidades diferentes no posee la suficiente complejidad para guiar la formación de otra molécula compuesta de veinte unidades diferentes, pero los nucleótidos no trabajan aislados. Los nucleótidos que componen la cadena ADN trabajan combinados de tres en tres; cada combinación, llamada un "codon" representa un aminoácido particular. Existen sesenta y cuatro combinaciones posibles de tres nucleótidos y cada uno de éstos puede ser de cualquiera de cuatro diferentes variedades. Si tratamos de escribir todos ellos AAA, AAB, AAC, AAD, ABA, ABB, etc., encontraremos exactamente sesenta y cuatro. Dado que ustedes tienen sesenta y cuatro códones por veinte aminoácidos, poseen cierto margen. Dos o tres códones diferentes, aunque estrechamente relacionados, pueden corresponder a un aminoácido particular. Así, pues, ABB, ACB y ADB pueden corresponder al mismo aminoácido. Esto le da a la situación un poco de redundancia. La señal en el conjunto de instrucciones puede estar algo borrada, por así decirlo, y, aún así, ser legible. Algunos códones pueden incluso representar una especie de puntuación, significando dónde empezar una cadena de aminoácidos y dónde terminarla. Una cantidad de códones suficiente para producir la cadena completa de aminoácidos de una enzima se denomina un "gen". |
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Esto suscita la cuestión acerca de cómo llegan las instrucciones de la molécula de ADN a las enzimas, ya que la molécula se halla profundamente inserta en el núcleo y las enzimas se forman fuera del núcleo. El ADN, que permanece oculto y a salvo (como corresponde a un valioso catálogo de instrucciones), envía mensajeros. La célula es capaz de formar otra variedad de ácido nucleico denominado ARN. Una molécula de ARN puede ser formada por los genes en los cromosomas, amoldándose, por decirlo así, al modelo del ADN. El resultado es una molécula de "mensajero ARN", que desplaza desde el núcleo al lugar exterior en donde se forman las enzimas. En las cercanías de los puntos donde se forman las enzimas hay veinte variedades diferentes de pequeñas moléculas conocidas como "transporte ARN", cada una de las cuales tiene dos extremos. En un extremo, una variedad particular de transporte ARN puede encajar en algún codon particular en la cadena nucleótida del mensajero ARN. En el otro extremo, la particular variedad de transporte ARN puede encajar con algún aminoácido particular. Un grupo de moléculas de transporte ARN se alinean a lo largo del mensajero ARN y en los otros extremos del grupo se forma automáticamente una alineación de aminoácidos, en un orden específico, dictado en última instancia por el orden de códones en el mensajero ARN. Y esto queda determinado por el orden de códones en el gen dentro del núcleo. ¿Cómo es la estructura de los varios genes (el catálogo del que hablé al principio de este artículo) cuidadosamente mantenida de célula en célula, y de padres a hijos y nietos? En realidad, cada molécula de ADN no es sólo una cadena de nucleótidos, sino una doble cadena. Cada ramal de la doble cadena es el "negativo" de la otra. Cuando las células se hallan en el proceso de separación, la doble cadena se separa en ramales y cada uno de éstos efectúa la formación de otro que encaja su propio molde. Cada uno de ellos forma su propio "negativo" y, en lugar de una doble cadena, tenemos dos dobles cadenas, cada una de ellas exactamente como la original. Éste es el nivel químico de la duplicación, y la base de lo que se observa ópticamente en la reproducción de cromosomas. Naturalmente, el proceso no siempre es perfecto. Puede tener lugar una duplicación defectuosa; un nucleótido erróneo puede entrar en línea aquí o allí, y después mantenerse en futuras duplicaciones. Con los años y tras generaciones, un gen particular puede, de este modo, originar una familia completa de genes similares aunque no idénticos. El proceso mediante el cual un gen produce otro no semejante por completo se llama "mutación". Un gen mutado produce una enzima mutada que puede o no trabajar de forma por completo distinta a la natural. A menudo la enzima mutada no trabaja y las células que la contienen ven trastornado su funcionamiento. Si la mutación se produce en una célula sexual, la descendencia puede ser radicalmente distinta a los padres. Una enzima faltante puede producir un albino, o un niño que padezca de alguna clase de deficiencia mental. Ocasionalmente, un individuo de gen y enzima imitantes puede poseer una habilidad que sea particularmente útil en ciertas condiciones. Los procesos de selección natural permiten prosperar y procrear a esas mutaciones favorables, mientras que eliminan lentamente a las que no lo son. Esta combinación de mutación y selección natural es la fuerza que guía la evolución. |
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Pero si el óvulo fertilizado empieza con un conjunto particular de genes y se los transmite a las células que nacen de él, ¿no poseen idénticos conjuntos los cincuenta billones de células del cuerpo humano (eliminando mutaciones ocasionales)? La respuesta es: sí. Pero, entonces, ¿por qué no son iguales todos los seres humanos? ¿Por qué son algunos de ellos células de la piel, otros células hepáticas, otros células cerebrales, etc.? Esto se debe a que nuestro catálogo genético no es utilizado plenamente. Las células individuales pueden tener varios millares de enzimas cada una, pero en los cromosomas humanos hay suficientes moléculas ADN para dirigir la producción de alrededor de cinco millones y medio de enzimas, de 150 aminoácidos cada una. En otras palabras, una célula utiliza sólo una milésima parte del catálogo. ¿Qué milésima parte? Eso depende de la célula. Resulta que mientras hay algunos genes que efectúan la construcción de enzimas específicas, otros actúan como controladores o reguladores del primer grupo. Podríamos decir que cada gen que trabaja tiene cerca de sí un gen regulador que puede activar o desactivar el gen trabajador. Esto es claramente necesario. Si un gen trabajador estuviera continuamente activo, la célula podría verse inundada con alguna enzima particular. Para que la célula trabaje debidamente, es necesario que la enzima se halle presente en la cantidad adecuada; ni muy poco ni demasiado. Desde luego, las moléculas enzimáticas son frágiles y "se consumen", de modo que deben ser periódicamente remplazadas y, para ello, el gen trabajador debe ser susceptible de activación periódica durante toda la vida. Cuando la presencia de una enzima particular es adecuada en un momento determinado, el gen trabajador debe ser desactivado. ¿Cómo activa y desactiva el gen regulador al gen trabajador? Seguramente, el gen regulador forma alguna sustancia, la cual cubre los códones activos del gen trabajador y evita que se forme el mensajero ARN. Pero, ¿qué activa y desactiva el gen regulador? ¿Qué le indica al gen regulador cuándo es necesario desactivar el gen trabajador? Pues bien, el gen trabajador produce una enzima que, a su vez, provoca cierta reacción química en la célula. Cuando la enzima está presente en amplia cantidad, la reacción química produce a toda velocidad y se amontonan las sustancias producidas por esas reacciones. La presencia de tales sustancias en la célula actúan para activar el gen regulador que, por su acción, desactiva el gen trabajador. Cuando la enzima en cuestión ya no se forma y el uso reduce su presencia, la reacción química se enlentece y las sustancias producidas por tal reacción desaparecen. En ausencia de dichas sustancias, el gen regulador se desactiva, con lo que se activa el gen trabajador. Se forman más enzimas. Los genes en los cromosomas son controlados por realimentación, como el termostato de nuestros hogares. En algún tipo determinado de célula, da la impresión de que la mayor parte de los genes están permanentemente desactivados. El modelo de genes permanentemente desactivados difiere de un tipo de célula a otro y, de hecho es la naturaleza del modelo la que decide el tipo de célula. |
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Pero podemos preguntar el motivo de que el modelo cambie de un tipo de célula a otro, si empezamos con un solo óvulo fertilizado con un conjunto de genes. ¿Son activados todos los genes en un óvulo fertilizado? Si es así, ¿qué desactiva a algunos de ellos permanentemente en un conjunto de células y a otros en distintos conjuntos, cuando el óvulo se divide y vuelve a dividir? Si el óvulo fertilizado ya tiene un modelo de genes desactivados, por otro lado, ¿qué cambia ese modelo de distintas maneras cuando el óvulo se divide y vuelve a dividir? Quizá, cuando el óvulo se divide y vuelve a dividir, no todas las células hijas están sujetas al mismo entorno. Algunas están formadas de porciones del óvulo que son ricas en alimento; otras de porciones que son relativamente pobres. Algunas se forman cerca del punto por donde penetró la esperma; otras, bastante lejos. Algunas se encuentran cerca del exterior de la bola de células dentro de las que el óvulo se cambia pronto; otras se hallan dentro. Las células que están sujetas a un entorno se ven afectadas de tal modo que activan algunos genes y desactivan otros. Esto dará como resultado la producción de sustancias químicas específicas, que pueden filtrarse fuera de la célula e influir en cierto modo sobre las células vecinas. Podría imaginarse un complicado mecanismo de una ficha de dominó derribando otras, en el cual pequeños cambios adicionales aquí y allí, cada uno de los cuales produce aún más cambios, hasta que, finalmente, se construye un organismo completo con estructuras diferenciadas. Una vez un organismo ha alcanzado su pleno crecimiento, pueden continuar produciéndose ciertos fenómenos limitados de cambio de modelo. Es posible que cada unidad sensoperceptiva que incorporamos (cada visión, sonido, olor, gusto, tacto) afecte al modelo enzimático en células cerebrales específicas, con lo cual se forma un sistema de memoria. Lo que experimentamos, más tarde lo podemos recordar... u olvidar. Puede haber también un proceso automático de cambio de modelo que actúa lenta e inexorablemente con los años y produce los cambios normales del envejecimiento. En otras palabras, el cuerpo se prepara automáticamente para la muerte final aun cuando ningún agente externo la provoque, ya que la muerte del individuo es esencial para la vida y la evolución de las especies. Es fácil decir todo esto. Podemos hablar acerca de genes trabajadores, genes reguladores y de sustancias que activan y desactivan los genes. Sin embargo, ¿cuáles son estas sustancias y cómo trabajan exactamente? Los científicos aún desconocen los detalles, desde luego, pero si se resuelve el problema de su estructura básica, ¿pueden ser algo más que una cuestión de tiempo los meros detalles? Y, una vez hayamos localizado esos detalles, no sólo tendremos el catálogo, sino que comprenderemos cómo trabaja. Quizás entonces podamos saber cómo restar la presencia de ciertos elementos y cómo ordenar otros. Quizás así podamos mejorar nuestra memoria o incluso nuestra inteligencia. A lo mejor incluso podamos fabricar la memoria e inventar métodos para proporcionar a las personas vidas fantásticas. |
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Parece dudoso que lleguemos a tener la sabiduría necesaria para realizar semejante cosa. ¿Quién puede decidir lo saludable que pueda ser ofrecer vidas fantásticas a los seres humanos? ¿Quién puede decidir qué individuos merecen que se les alargue la vida? ¿En qué dirección debería ser encauzada la evolución? ¿Qué nuevas variedades de seres humanos tendrían que formarse? En definitiva, ¿quién de entre nosotros se puede considerar como un dios? Puede haber una respuesta. Quizás experimentando en una escala muy reducida, podamos llegar a producir seres humanos con un grado de sabiduría superior al nuestro, y a estos nuevos seres les podríamos encomendar la tarea de mejorar la raza humana en su conjunto. La idea quizá no resulte sugestiva, pero tal como está el mundo hoy en día, sin duda debe considerarse que vale la pena correr cualquier riesgo, ya que cualquier cosa que pudiéramos hacer no será peor que si no hacemos nada. |
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