LORENZO

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ISAAC ASIMOV's

Vida y Tiempo

Este ensayo y el siguiente son los más antiguos de la presente recopilación. Durante veinte años han conseguido escapar a mi firme propósito de considerar que todo lo que he escrito (con límites razonables) merece la relativa permanencia de ser publicado en un libro. Permítanme explicar cómo fue la cosa.

En los años cincuenta, escribí de vez en cuando ensayos científicos para Astounding Science Fiction. Una docena de estos artículos fueron publicados juntos en mi primera recopilación de ensayos Sólo un billón ("Abelard-Schuman", 1957).

Pero, en 1959, The Magazine of Fantasy and Science Fiction (F & SF) me pidió que les escribiera una columna mensual de ciencia ficción. Acepté complacido y he estado escribiendo para ellos durante veinte años sin perder una edición. Y es más, los gentiles editores de "Doubleday & Company" también han publicado asiduamente recopilaciones de esos ensayos de F & SF con intervalos de diecisiete meses, por término medio.

Mis ensayos para F & SF acapararon mi atención de forma tan absorbente que apenas me acordé de mis anteriores ensayos para Astounding. Los pocos ensayos que escribí para Astounding, después de la aparición de Sólo un billón y antes de mi tarea en F & SF, no los reuní en ninguna colección. Por supuesto, algunos de ellos están ahora superados por el tiempo, pero éste y el siguiente son, en mi opinión, de elevado interés actual. Me complace rescatarlos ahora del olvido.

La marcha de los filos2

Probablemente, la vida empezó con una sola molécula nucleoproteínica, lo cual equivale hoy a un gen dentro de una célula, o a un pequeño virus fuera de ella. Después progresó con una asociación de moléculas nucleproteínicas, equivalente hoy a un cromosoma dentro de una célula o a un gran virus fuera de una célula.

La ventaja de la asociación molecular fue que la debilidad de una molécula del grupo podía ser compensada por la fortaleza de otra. De este modo fue posible la especialización. Cada molécula del grupo podía ser inviable en solitario a causa de cierta falta esencial, pero cada una de ellas podía funcionar muy por encima del promedio en otro aspecto. Una afortunada combinación en la cual no existía ninguna falta esencial entre todos los miembros del grupo podía dar como resultado un organismo que en conjunto funcionaba mucho mejor que cualquier colección de moléculas individuales "buenas pero nada especiales".

El segundo cambio fue la conversión del sencillo grupo de moléculas nucleoproteínicas en uno que estaba rodeado por almacenes de comida y útiles sustancias químicas, todo ello mantenido junto por una membrana que podía controlar la naturaleza y cantidad de las sustancias que entraban y salían. El "virus" se había convertido en una "célula". Quizá las primeras células fueron células simples, con bajo nivel organizativo, equivalentes a las bacterias y los más simples mohos existentes hoy.

Ahora se suele considerar el cambio de virus a célula como un "adelanto": un salto hacia arriba en el árbol de la vida, por así decirlo. Pero, ¿qué queremos decir con esto? ¿Qué hace que un organismo sea "más alto" o "más adelantado" que otro?

¿Es la simple prueba de supervivencia? Si esto es así, la cuestión de virus contra célula desciende al punto de la "no-decisión". Tanto los virus como las células existen hasta hoy y no es probable que ninguno de los dos sea eliminado por cualquier cataclismo terrestre. En realidad, los virus son incluso más difíciles de matar que las células, de modo que quizás el paso de virus a célula fue un retroceso más bien que un adelanto. De hecho, quizás el desarrollo de la vida en general fue un retroceso, ya que una roca o una molécula de agua soportarían cambios que hasta matarían a un virus.

Pero las palabras pueden ser definidas arbitrariamente. Somos seres humanos mirando al Universo a través de los sentidos humanos e interpretando los mensajes que recibimos por medio de un cerebro humano dominado por emociones humanas. Así, pues, es perfectamente natural definir el "progreso" en términos humanos. Un ser humano "progresa" cuando asciende por la escala social utilizando la riqueza, la inteligencia, la fuerza u otro cualquier medio. La medida de su progreso es su habilidad para controlar su entorno o su libertad de las presiones de dicho entorno. (Lo que el hombre desea es ser "su propio amo", lo cual supone una búsqueda de menores presiones y mayor control.)

Aplicando este concepto antropomórfico a la vida en general, podemos decir que cuanto más controla un organismo su entorno inmediato o más libre está de sus presiones, más avanzado es.

Tomemos un ejemplo. Un virus tiene los medios para organizar un suministro de alimento basándose en duplicados de sí mismo, pero debe tomar el alimento que le sale al paso. Si consigue las moléculas necesarias, estupendo. De otro modo, debe esperar.

La célula posee la capacidad de almacenar moléculas que le sirven de alimento. Durante un período afortunado de densidad de alimentación, puede conservar más de lo que necesita para el momento -lo cual no puede hacer el virus- y lo guarda para uso futuro.

Así, pues, la célula se ha liberado, hasta cierto punto, de uno de los elementos de casualidad en su entorno. Depende menos que el virus de su ambiente para obtener alimento.

Asimismo, las células poseen la capacidad de moverse a voluntad; los virus no. Esto no significa que todas las células se muevan. Quiere decir que algunas lo hacen; el potencial está ahí. Sin embargo, ningún virus se mueve libremente y ningún virus lo ha hecho nunca que nosotros sepamos; sencillamente es que el potencial no está ahí.

Un virus debe depender de alguna fuerza externa -tal como una corriente de agua- para desplazarse hacia el alimento, o el alimento hacia él; o para apartarse de un peligro, o para alejar el peligro de él. Sin embargo, la célula móvil puede desarrollar una activa búsqueda de comida. Puede desarrollar, y lo hace, instrumentos químicos para detectar comida (o peligro) a cierta distancia. Tal detección puede activar una cadena de cambios automáticos que resultan en movimiento hacia la comida o en apartarse del peligro.

De nuevo vemos que la célula es menos esclava de su entorno que el virus. En este sentido, la célula está más avanzada.

Un organismo que posea mayor control de su entorno que cierto competidor, está predestinado a ganar la competición. Cuando las células y los virus compiten por el mismo alimento, la célula puede ir tras el alimento y atraparlo, mientras que el virus debe esperar a que la comida le llegue por casualidad. La célula puede coger todo lo que necesite para comer e incluso almacenar lo sobrante; el virus debe tomar sólo lo que necesita y dejar lo restante.

Como resultado, éstas son las posibilidades que tienen un virus: primero, puede simplemente ser comido en la competición y dejar de existir. Segundo, puede retirarse de la competición y encontrar un lugar para estar en donde no existan células. Tercero, puede adoptar el viejo adagio de que si no puedes vencerlo, únete a él, convirtiéndose así en un parásito.

Los virus que existen hoy han seguido la tercera vía. Si alguna vez hubo virus de vida independiente, ahora no existe ninguno de ellos.

Los virus actuales utilizan células para alimentarse y, como resultado, sobreviven la mar de bien. La célula utiliza su mayor control del ambiente para conseguir el alimento necesario y entonces el virus se presenta y aprovecha este alimento.

Éste es un modo tan atractivo de competición desventajosa que, como alternativa, ha sido escogido una y otra vez en el curso de la evolución. Algunos tipos de organismos, por estar seguros, acabaron extinguiéndose. Algunos se vieron forzados a ocupar espacios vitales menos deseables, en los cuales había menos competición, si bien conservaron su independencia y, en algunos casos, hicieron asombrosos progresos de formas inesperadas.

Pero siempre ha existido el señuelo del parasitismo. Hay parásitos en todos los niveles del progreso de la vida. Y si lo que cuenta es la supervivencia, el parasitismo ha resultado brillantemente provechoso en amplia medida.

Sin embargo, el control parasitario del entorno es regresivo. Actúa escogiendo un entorno sumamente especializado y vinculándose a él por completo. Cualquier mínima alteración del ambiente -tal como la muerte del organismo anfitrión- mata al parásito. Además, al ajustarse al ambiente, se produce una inevitable regresión a más bajos niveles organizativos. Después de todo, el ambiente es tan ideal que no exige casi nada al parásito. De modo que el parásito hace sus progresos sólo por la senda del retroceso.

El parasitismo supone una buena vida: es como un jardín del Edén.

Se debe evitar como la muerte.

Según se hacían las células más elaboradas en su carrera por un mayor control del entorno y para las consecuentes ventajas en su eterna competición mutua para lograr alimentos y seguridad, se produjo un cambio fundamental que persiste hasta nuestros días.

Algunas células desarrollaron clorofila y se vieron libres de la lucha por el alimento en el sentido de que en lo sucesivo necesitaban sólo agua, dióxido de carbono, ciertos minerales y luz solar, todo lo cual era ubicuo e inagotable. Estas células y sus descendientes son los miembros del reino vegetal.

Las otras células que, con sus descendientes, formaron el reino animal, siguieron existiendo sin clorofila. Para conseguirlo, éstos deben comer materia orgánica ya creada; o bien los restos de células anteriormente vivas, o la célula intacta de la planta, o una célula intacta de animal que ha estado viviendo en uno o en ambos de los dos primeros elementos.

Así, pues, en cierto sentido, las células animales viven también de dióxido de carbono, agua, minerales y luz solar, aunque utilizando un intermediario. Eso del intermediario, ¿no es asimismo una forma de parasitismo? ¿No será eso también el estilo de muerte en el jardín del Edén de la que antes he hablado en tono de advertencia?

La prueba en favor de considerar la vida animal generalmente como parasitaria es ésta: la vida de las plantas, en algunas de sus formas, puede continuar existiendo indefinidamente, aun cuando fuera destruida la vida animal, pero no sería así en caso contrario. Ninguna vida animal existiría durante más de un corto período de tiempo después de la destrucción de la vida vegetal.

Por añadidura, ya que la vida animal se mantiene de la energía solar por medio de un intermediario, se produce el natural despilfarro asociado con los intermediarios en todos los casos. En números redondos, son necesarios unos cinco kilos de plantas para mantener medio kilo de animal, de modo que la masa total de materia viviente en la Tierra es noventa por ciento vegetal y diez por ciento animal.

Sin embargo, veamos la otra cara del asunto. La vida animal no reúne todas las características del parasitismo, o sea, que la comida se convierte en su entorno. Un auténtico parásito vive en su alimento y no necesita buscarlo, con excepción de la búsqueda original hasta encontrar a su anfitrión. La vida animal debe buscar su alimento constantemente y, por lo tanto, no es verdaderamente parasitaria. El hecho de que su comida particular sea la célula de una planta en lugar de, por ejemplo, una piedrecita no es más que una diferencia de detalle.

De hecho, es la vida vegetal la que está rodeada por el aire, el agua, minerales y luz solar que constituyen su alimento. Y, sin embargo, es la célula de la planta la auténtica parasitaria. Ésta no es la forma ortodoxa de enfocar el asunto, lo sé -realmente, en la medida de mi información, es una idea original mía-, pero debe considerarse que la célula vegetal presenta algunas características de parasitismo.

Muestra un inferior control de su entorno en comparación con las bacterias, aparentemente más simples. Algunas células de bacterias pueden moverse a voluntad; las células vegetales no pueden hacerlo. Las células vegetales son tan inmóviles como los virus. Las células vegetales almacenan y gastan energía lentamente y viven a un bajo nivel de intensidad. De hecho, no "viven", "vegetan".

Por otro lado, la célula animal puede gastar energía en una proporción limitada sólo por la cantidad de material vegetal que puede consumir y transformar por metabolismo por unidad de tiempo. Mediante la habilidad de moverse a voluntad y de vivir más rápidamente en general, la célula animal puede controlar su entorno mucho más que puede hacerlo la célula vegetal. (Para expresarlo de la forma más sencilla: usted puede morder una zanahoria, pero la zanahoria no puede devolverle a usted el mordisco.)

Así, pues, la conclusión es que la célula animal está más avanzada que la célula vegetal.

En general, la continua elaboración de células supone casi inevitablemente aumentos de tamaño. Las células más complejas son las de mayor tamaño. Cuanto más grande es una célula, mayores cromosomas puede contener, o más numerosos; puede contener más enzimas, puede almacenar más comida, puede generar más energía, más puede dividirse en subdivisiones especializadas. Resumiendo, una célula grande puede hacer más que una célula pequeña y es probable que sea, según la definición que hemos empleado aquí, más avanzada.

Pero conforme las células son más grandes, los problemas aumentan. La proporción en que entra alimento en una célula y salen los desechos, depende de la superficie de la célula. Las necesidades alimentarias totales de una célula dependen de su volumen. Pero a medida que una célula aumenta de tamaño, el volumen aumenta como el cubo del diámetro, y la superficie sólo como el cuadrado. Se mantiene su forma esférica, se alcanza enseguida un tamaño en donde ya no hay bastante superficie para alimentar el tamaño aumentado.

Una alternativa sería abandonar la forma esférica. Las células deben ser largas, planas o irregulares. El único problema es que la forma esférica requiere la mínima energía para mantenerse. Cualquier desviación supone un ingreso de energía, un ingreso que es mayor según aumenta el tamaño de la célula. Las pequeñas células bacterianas pueden tener forma de bastoncito, pero para células mayores aisladas esto supone una gran proeza. La ameba puede sacar seudópodos romos, el paramecio puede tener forma de zapatilla, pero aun así se alcanza rápidamente el tamaño máximo.

Otra alternativa de las células es quedarse pequeñas y razonablemente esféricas, pero permanecen unidas después de la división celular. De este modo se forma un grupo de células que poseen todas las ventajas que proporciona la masificación, al tiempo que deja estar a cada individuo dentro del límite de seguridad de la ley del "cubo cuadrado".

Así, pues, las colonias de células, tanto vegetales como animales, se han podido formar y se han formado. No es grande la ventaja de una colonia de células, si se trata simplemente de una colección de células independientes por completo y nada más, sobre las células demasiado separadas. Sin embargo, la existencia de una colonia de células hace posible la especialización a nivel celular.

Las más afortunadas colonias de células en el reino animal, por ejemplo, son las esponjas, que pueden alcanzar tamaños enormes cuando se las compara con células individuales. Las esponjas están formadas por varios tipos de células especializadas, cada una de las cuales desempeña una función particularmente bien.

Hay un tipo que segrega un material fibroso y gelatinoso que mantiene y protege simultáneamente a una colonia, de modo que la colonia en su totalidad está más segura y mejor protegida de las presiones del ambiente que pueda estarlo cualquier célula individual. Otras células de la esponja tienen flagelos que pueden desviar una corriente, que pueden traer partículas de comida a la colonia y expulsar los desechos. Otras incluso tienen poros a través de los cuales pasará el fluido.

Esto lleva a una división del trabajo, con un consiguiente aumento general de la eficiencia.

Sin embargo, en una colonia de células, incluso tan complicada como la de las esponjas, la célula individual no ha renunciado a sus derechos de primogenitura. Cada célula individual de una esponja puede, y a veces lo hace, deambular por su cuenta e iniciar una nueva colonia.

Pero llevemos este fenómeno a su conclusión lógica. Para aumentar la eficiencia de una colonia celular, será necesaria una especialización cada vez mayor. Cada célula debe superarse constantemente en su labor particular, aun cuando ello signifique abandonar otras habilidades. Las deficiencias de una célula serán subsanadas, en definitiva, por sus vecinas. (Esto es la conversión de gen en cromosoma, en un nivel superior.)

Eventualmente, la célula individual de una colonia se vuelve tan especializada que ya no puede existir sola; sólo como parte de un grupo.

Cuando se alcanza este punto, nos vemos frente a algo más que una colonia de células. Tenemos un "organismo multicelular"1 

Pero ahora la célula individual está completamente a merced del organismo multicelular como un todo. La célula no puede vivir fuera del organismo y es, por lo tanto, un parásito dentro del organismo. ¿No supone esto una regresión?

Eso sería así considerando sólo la célula individual. Pero la célula ya no es todo el organismo. Ya no cuenta como una medida de "progreso"; ahora es toda la colección de células la que tiene "conciencia de vida".

Eso lo podemos ver en nosotros mismos, A nosotros no nos afecta que millones de nuestros glóbulos rojos mueran cada minuto, o que nuestra piel se vea constantemente renovada sólo por la continua muerte de células justamente debajo de la epidermis. Una herida que dañe o mate millones de células no tiene consecuencias inquietantes si puede curarse. Si es absolutamente necesario, sacrificaremos una pierna para salvar nuestra vida. En definitiva, mientras persista la conciencia del conjunto, las partes sólo son consecuencias secundarias.

No tenemos más remedio que aplicar este principio a otros organismos multicelulares, aun cuando estemos completamente seguros de que la "conciencia de vida" en el sentido humano no existe en ellos. El equivalente, sea el que sea, existe de todos modos, y con la aparición del organismo multicelular debemos considerar sólo el organismo, no las células que lo componen.

Debo aclarar que lo que denomino "progreso" no sólo supone necesariamente ventajas. La célula está más desarrollada que el virus, pero es más fácil de matar. Aunque la célula tiene mayor control de su entorno dentro de ciertos límites, puede soportar menos bien la presión del ambiente más allá de esos límites.

Similarmente, un organismo multicelular es, en ciertos aspectos, más susceptible de morir que una célula individual.

Una célula individual es potencialmente inmortal. Si se le dan suficientes alimento y seguridad, crecerá y se dividirá eternamente. Sin embargo, el organismo multicelular depende no sólo de las células que lo componen, sino de la organización entre ellas. Todas sus células, con insignificantes excepciones, deben estar en orden de trabajo. Sin embargo, si el mal funcionamiento de esas pocas células destruye la organización intercelular, ello puede causar la muerte de todo el organismo y de todas las células sanas que lo componen.

La organización intercelular no es nunca perenne. Un organismo multicelular, aunque viva con abundante alimento y en completa seguridad, debe no obstante morir en algún momento.

Sin embargo, deben ser sopesadas y comparadas las ventajas y desventajas. Volviendo la mirada al sinuoso camino de la evolución debemos concluir que la mayor flexibilidad de la célula, dentro de unos límites, supone una mayor fragilidad dentro de esos límites. Del mismo modo, la mayor flexibilidad del organismo multicelular supone el hecho de que llegó al mundo la muerte inevitable.

De hecho, incluso una aparente desventaja podría convertirse en una victoria consumada. Para evitar la extinción de las especies, debe hacer la provisión para la formación de uno o más organismos multicelulares nuevos antes de que muera el viejo. Esto se hizo y oportunamente el sistema fue perfeccionado hasta el punto en que requirió la cooperación de dos organismos para producir uno nuevo. Al inventarse la reproducción sexual, llegó el eterno intercambio de cromosomas con cada generación. La variación entre individuos se hizo más común y más drástica, con lo cual se aceleró el curso de la evolución.

Es interesante notar que el reino vegetal, con su vida más fácil y su parasitismo con respecto del sol, el aire y el agua, no efectuó su progreso hacia la multicelularidad ni tan extensiva ni tan intensivamente como el reino animal. De hecho, las plantas marinas nunca progresaron más allá del estadio de colonia celular. La más sofisticada alga es sólo una colonia de células.

Sólo cuando las plantas invadieron la tierra firme y se hizo más difícil obtener el agua y los minerales, se tuvieron que desarrollar órganos especializados para captar del suelo esas sustancias, así como otros órganos para recoger la luz solar, comunicar agua desde abajo y alimento desde arriba a otras partes del organismo. Aun así, ni el más complejo árbol es tan sofisticado como un simple animal. Por ejemplo, ninguna planta tiene sistema nervioso, músculos o un sistema circulatorio de la sangre. Ninguna planta puede moverse con la libertad con que puede hacerlo un animal.

Todos los tipos de organismos que he mencionado hasta ahora sobreviven aún hoy en nuestro mundo actual posiblemente después de dos mil millones de años de vicisitudes ambientales, aunque no necesariamente en su forma original. Indudablemente, todo continuará sobreviviendo, a menos que se produzca un cataclismo planetario.

Sin embargo, la supervivencia por sí sola no representa nada. En la base de control del ambiente, los tipos de organismos pueden presentarse como en la Figura 1. Las flechas incluidas no pretenden indicar líneas de descenso, por supuesto. Por el contrario, señalan la dirección de un mayor control del entorno. No parece que la decisión sea difícil; obviamente, el organismo del animal multicelular es el más avanzado de los presentados en la figura 1. Podemos decir que "gobierna la Tierra".

Los animales multicelulares, entre los cuales me debo incluir, están divididos en un número de amplios grupos llamados filos. En cada filo puede haber una gran diversidad, pero se mantiene cierta uniformidad de plan general de cuerpo.

Por ejemplo, no se debe pensar que hay mucha semejanza entre ustedes y un pez, pero tanto ustedes como el pez tienen los huesos dispuestos de forma similar; ambos poseen un corazón; la sangre de ambos contiene sustancias químicas similares; ambos poseen cuatro miembros distribuidos en dos pares; también ambos tienen dos ojos y una boca que forma parte de la cabeza, y así sucesivamente.

Anatomistas y zoólogos encontrarían centenares de otras evidentes semejanzas físicas. La causa es que ustedes y el pez pertenecen al mismo filo.

Ahora, compárense con una ostra. Quizá no conseguirían encontrar similitudes, excepto porque tanto la ostra como ustedes son multicelulares. Diferentes filos, ¿comprenden?

Por supuesto, la división exacta en filos es una obra del hombre y no todas las autoridades se ponen de acuerdo acerca de las criaturas que deben pertenecer a cada filo. (En cierto modo, la Naturaleza nunca se organizó pensando en los futuros clasificadores. Es triste, pero cierto.)

Sin embargo, la Enciclopedia científica "Van Nostrand", que es la que tengo a mano, recoge veintiún filos de animales multicelulares.

Resulta interesante comprobar que los veintiún intentos de variar la organización básica funcionaron, en el sentido de que criaturas pertenecientes a cada filo sobreviven hoy y probablemente sobrevivirán en un futuro previsible. No hay rastros fósiles de ningún filo distinto -que yo sepa- que ahora esté completamente extinguido.

Más de la mitad de los filos, aunque sobreviven, han sido diferentemente derrotados por los filos competidores. Estos filos batidos ahora existen en una variedad limitada en unos espacios marginales del entorno o han ido a parar en gran medida -a veces por completo- al callejón sin salida del parasitismo. Continuando la búsqueda de "progreso" de organismos, será sólo necesario, por lo tanto, considerar ocho filos diferentes para así obtener lo que parece un cuadro claro.

Para empezar, el menos avanzado de los filos de animales multicelulares -aunque es uno que consigue salir adelante airosamente en la lucha por la existencia- son los celentéreos. Ejemplos comunes de este filo son la hidra de agua dulce y la medusa.

El esquema del cuerpo del celentéreo, en los términos más sencillos, es como una copa formada de una doble capa de células. La capa que da al mundo exterior es el ectodermo; la capa de la parte interior de la copa es el endodermo. Ambas capas contienen células especializadas. El ectodermo trata principalmente con el mundo exterior al que se enfrenta. Contiene primitivas células nerviosas para recibir y transmitir estímulos, coordinando así el comportamiento de las células componentes que lo forman. También contiene células punzantes que sirven como armas ofensivas y para capturar organismos más pequeños. El endodermo, por otro lado, es una capa encargada del alimento. Contiene células especializadas para secretar un jugo que digiere los organismos capturados y los prepara para la absorción.

Un progreso particular hecho por los celentéreos es que el interior de la "copa" es como un trozo privado del océano. En las células y colonias de células, por complicadas que sean, las partículas de alimento deben ser absorbidas por el cuerpo de una célula antes de que puedan ser aprovechadas.

Por el contrario, los celentéreos pueden proyectar partículas al interior de la copa -que es un primitivo saco digestivo, o "intestino"- y allí digerirlas. Las células del endodermo necesitan sólo absorber los productos disueltos de la digestión, no la partícula en sí. De este modo se pueden aprovechar a la vez muchas partículas de alimento; también se pueden aprovechar partículas de alimento individuales considerablemente mayores que una célula. Cualquier progreso en el plan de alimentación significa automáticamente una importante mejora en el control del entorno, de modo que los celentéreos, aunque son los más inferiores organismos multicelulares, están muy avanzados con respecto incluso a la más especializada de las células o colonias de células.

Otro filo, los platelmintos, ha añadido refinamientos adicionales a la estructura corporal del celentéreo. (Este filo, al que se puede llamar también "gusanos planos", contiene formas parasitarias bien conocidas, en especial las diversas lombrices solitarias. También contiene formas de vida libre, la mejor conocida de las cuales es una criatura milimétrica llamada "planaria".)

Los platelmintos poseen una tercera capa de células, llamada el mesodermo, en el espacio -"celoma"- entre el ectodermo y el endodermo. (Y ése es el final. En ningún filo se ha desarrollado nunca una cuarta capa.) El mesodermo no está muy relacionado con el mundo exterior, a diferencia del ectodermo; ni tampoco con la alimentación, como lo está el endodermo. En lugar de ello, el mesodermo puede ser utilizado para formar órganos que el cuerpo requiera para la especialización interna. (La utilidad de este invento queda demostrada por el hecho de que ningún filo después de los platelmintos lo ha abandonado nunca.)

Por ejemplo, los platelmintos utilizan el mesodermo para formar fibras contráctiles que constituyen los primeros músculos animales. También forman órganos especiales reproductivos y un embrión de órganos excretores. Todos ellos presentan una nueva especialización y, con ello, nuevos y más eficientes modos de dar una respuesta al entorno. Los músculos, por ejemplo, permiten al platelminto moverse con mayor facilidad y eficiencia que los celentéreos. Además, los platelmintos ofrecen una simetría bilateral. Esto significa que las mitades derecha e izquierda son imágenes especulares, pero los extremos delantero y posterior no lo son. Los platelmintos tienen "cabeza" y "cola" diferenciadas, y es la cabeza la que suele apuntar en la dirección del movimiento.

Encontramos simetría radial en las criaturas unicelulares en las colonias de células y en los celentéreos. Esas criaturas deben estar igualmente en guardia en todas partes. Los platelmintos porque la cabeza va considerablemente adelantada penetrando en lo desconocido, y es la cabeza la que necesita ser particularmente sensitiva a los estímulos. Concentrar el área de respuesta a los estímulos significa aumentar la eficiencia de la respuesta, permitiendo ello un mejor control potencial del entorno.

Como un ejemplo, los platelmintos han desarrollado las primitivas células nerviosas de los celentéreos en una red nerviosa organizada, con una concentración en la zona de la cabeza donde es más necesaria. Dicho en otras palabras, los platelmintos han inventado el primer cerebro primitivo.

Sin embargo, tanto los celentéreos como los platelmintos aún dependen para su alimento de la simple absorción de alimento procedente del mundo exterior, en las varias células componentes. Esto les evita llegar a alcanzar un gran tamaño -con la ventaja de una superior eficiencia potencial- ya que cada célula debe permanecer dentro de cierta distancia con respecto al mundo exterior, o no les llegará suficientes alimentos y oxígeno.

Desde luego, existe una medusa gigantesca, pero sus largos aguijones son muy finos y su voluminoso "vientre" está compuesto principalmente por un material acuoso muy gelatinoso, con sus células vivientes muy cerca de la superficie. También hay platelmintos gigantescos -así como lombrices de dos metros- pero nunca pueden llegar a ser muy gruesos.

Para que un organismo multicelular llegue a alcanzar un gran tamaño, y no sólo longitud, se necesitó un nuevo invento. Esto fue proporcionado por el filo de los nemátodos, también llamados ascárides. Muchos de éstos son también parásitos, pero también hay gran cantidad que sobreviven por sus propios medios.)

El invento de la ascáride es un fluido en el celoma que puede moverse libremente por todos los escondrijos y grietas del organismo. El alimento y el oxígeno pueden ahora ser secretados en el fluido por esas células que absorbieron un exceso del intestino, y el fluido lo transportará a todas las células que baña para un empleo inmediato, o bien para su almacenamiento. Igualmente, los desechos pueden ser arrojados al fluido, el cual los puede transportar a las células del sistema excretorio.
Resumiendo: los ascárides inventaron la sangre. La sangre fue como una pequeña extensión interna del océano que podía bañar todas las células en un organismo que, sin embargo, estaba profundamente enterrado. Mientras una célula tenía un "frente oceánico" en la sangre, no necesitaba preocuparse acerca del océano real exterior. Podía obtener su alimento de la sangre. Por esta razón las ascárides pudieron desarrollar un cuerpo y ser redondas, mientras que los platelmintos sólo podían ser planos.

Las ascárides también son responsables de otro progreso. Tanto en los celentéreos como en los platelmintos, el intestino es un simple saco con sólo una abertura. El indigestible residuo de comida tomada debía ser expulsado por la abertura por la que antes había entrado. Mientras se producía la eyección, no podía ingerir nada, y viceversa. Operaban con el sistema de "hornada".

Las ascárides añadieron una segunda abertura al intestino, en su parte posterior. Las ascárides fueron la primera forma de vida que adoptaron el esquema básico de un tubo dentro de un tubo. Las partículas de alimento entraban por un extremo, eran digeridas y absorbidas mientras viajaban por el intestino, y el residuo no digerido era expulsado por el extremo opuesto. Tanto la ingestión como la eyección podían ser continuas y, obviamente, esta técnica de alimentación continua representó otro progreso mayor en el control del entorno.

Ahora, a partir de las ascárides, se pueden señalar tres diferentes e importantes filos derivados. Cada uno tiene todo lo que poseen los ascárides y añade algunas pocas novedades propias.

En primer lugar, aunque las ascárides tenían la potencialidad de poseer volumen, gracias a la invención de la sangre, quedaba otro obstáculo en el camino de la completa realización de esta potencialidad. Las ascárides están compuestas exclusivamente de un fino tejido que debe, en cierto modo, soportar el destructivo efecto de las corrientes de agua. Cuanto más crece un organismo, más vulnerable es a esta destrucción a menos que desarrolle algún tipo de atiesador.

Esto fue inventado por el filo de los moluscos, que incluye a las almejas, caracoles, ostras, etc. Éstos desarrollaron un fuerte y rígido caparazón externo, o "exoesqueleto", de carbonato de calcio, que sirvió para varios propósitos. Atiesó el cuerpo y permitió que alcanzara mayor volumen. Sirvió como un escudo contra los enemigos, así como también de asidero para los músculos, de modo que los músculos de los moluscos podían ejercer una presión mucho mayor que los de los platelmintos o las ascárides.

Un segundo filo probó con otro agente atiesador, según otro esquema. Éste fue el filo de los equinodermos, tales como la estrella de mar, erizos de mar, etc., que desarrollaron un caparazón endurecido bajo la piel, formando así un esqueleto interno o endoesqueleto. (Los equinodermos parece que se retiraron de la simetría bilateral originada por los platelmintos, regresando a la simetría radial de los celentéreos. Esto es actualmente una modificación secundaria. Los equinodermos larvados son bilateralmente simétricos y sólo adoptan la simetría radial cuando son adultos.)

En ambos filos, los esqueletos liberaron a los organismos de algunas de las presiones del entorno a las que estaban sometidas las ascárides. Por esta razón, tanto los moluscos como los equinodermos pueden ser considerados como avanzados con respecto a las ascárides.

Sin embargo, el desarrollo de los esqueletos supuso también importantes defectos. Los moluscos y equinodermos poseen mayor volumen que los platelmintos y ascárides, pero el peso de su armadura les impide en gran medida de la libertad de movimiento tan penosamente desarrollada por los animales. En lugar de los gusanos culebreantes, nos encontramos con las relativamente inmóviles estrellas de mar y ostras.

(Incidentalmente, los juicios generales acerca de los filos, o sobre cualquier otra cosa, no deben ser confundidos con juicios universales. Por ejemplo, los más avanzados de los moluscos son los pulpos y los calamares, que no tienen nada de parados. Han recuperado la libertad de movimiento al abandonar el caparazón, si bien les quedan algunos vestigios de su pasado, y al utilizar otros tipos de atiesador en puntos estratégicos.)

Realmente, un caparazón es una forma de defensa estática. Supone una especie de "psicología Maginot". El animal se retira a una fortaleza y parece ya muy poco capaz de elaborar refinamientos en su cuerpo que puedan suponer un ataque contra el entorno. Y las grandes victorias en el campo de la evolución siempre se consiguen con grandes ataques.

Así, pues, el caparazón es una muralla que impide a la criatura conocer el mundo. Se ve menos bombardeada por estímulos, a causa de su escudo protector, de modo que es menos apta para desarrollar respuestas rápidas y adecuadas.

Sin embargo, ese caparazón ofrece ventajas que compensan ampliamente de todas esas desventajas y le queda sólo adaptarse mejor; mantener sus ventajas minimizando sus desventajas. Volveré a esto.

Pero antes queda el tercer desarrollo a partir de las ascárides; uno que no representa un esqueleto de ninguna clase y es, quizás, el más importante de los tres. Este nuevo avance lo encontramos en el filo de los anélidos, el mejor ejemplo de los cuales es el gusano de tierra. Este progreso se llama "segmentación".

Un anélido está compuesto por una serie de segmentos. Cada segmento puede ser considerado como un organismo incompleto por sí mismo. Cada uno posee su ramificación nerviosa a partir del tronco nervioso principal, sus propios vasos sanguíneos, sus propios tubitos para expeler los desechos, sus propios músculos, etc. Al formar una estructura corporal que es una repetición de unidades similares, las fuerzas de la evolución están de nuevo poniendo en práctica la filosofía de la "línea de montaje", con una consiguiente mejora en la eficiencia. La estructura corporal del anélido es más organizada, flexible y eficiente que la de cualquier criatura no segmentada.

Quizás a causa de esto, los anélidos pudieron hacer posteriores avances. Por ejemplo, mejoraron el sistema circulatorio al inventar los antes mencionados vasos sanguíneos. La sangre ya no se agitaba desordenadamente en la cavidad celómica. Ahora ya estaba confinada a los vasos a través de los cuales circularía de modo organizado, más eficiente. Los anélidos también inventaron la hemoglobina, una proteína que podía transportar oxígeno con mucha mayor eficiencia que un simple fluido acuoso. (Sí, señor, el gusano de tierra merece un gran respeto.)

A pesar de todo esto, los anélidos carecen de esqueleto. Son blandos y relativamente indefensos y se ven limitados en volumen potencial. (Incluso los famosos gusanos de tierra de Australia, que llegan a alcanzar 1,80 m de longitud, se quedan largos y delgados.) Su control del entorno, por desgracia, es limitado.

Así que el siguiente paso es desarrollar filos que combinen la eficiencia de la segmentación con la seguridad así como con las potencialidades de volumen y fuerza del desarrollo del esqueleto. Esto fue hecho no menos de dos veces.

A partir de los anélidos -probablemente- se desarrolló el filo de los artrópodos, incluyendo langostas, arañas, los ciempiés y los insectos. Éstos conservaron la segmentación de los anélidos, pero añadieron a esto la noción del exoesqueleto, originado por los moluscos.

El exoesqueleto del artrópodo fue, sin embargo, un gran progreso sobre el exoesqueleto del molusco. El anterior no fue un compuesto inorgánico duro, quebradizo, inflexible. En lugar de ello fue un polímero orgánico, llamado "quitina", la cual es más ligera, dura y más flexible que el caparazón de carbonato de calcio que poseen los moluscos.

Además, el exoesqueleto del artrópodo era más que una barrera amorfa contra el mundo exterior. Era segmentada, ajustándose a los contornos del cuerpo estrechamente, con lo que los movimientos corporales quedaban menos limitados. En casi todos los sentidos, la quitina ofrecía las ventajas del caparazón del molusco, sin sus desventajas. Añádase a eso la eficiencia de la segmentación, y el esquema corporal del artrópodo obviamente ofrece un adelanto Con respecto a los anélidos y los moluscos.

Surgió un segundo filo, probablemente a partir de los equinodermos, en un momento posterior a que hubieran inventado el endoesqueleto, pero antes de que hubieran desarrollado la regresión adulta a la simetría radial. El nuevo filo es el de los cordados, al que nosotros pertenecemos.

Los cordados conservaron el endoesqueleto, el cual fueron mejorando gradualmente. Convirtieron el primitivo seudocaparazón de los equinodermos en un sistema de "vigas" internas bastante ligeras, considerablemente fuertes y de una enorme eficiencia. Combinaron esto con la introducción de la segmentación.

Les sorprendería descubrir que ustedes, como un cordado, están segmentados. La segmentación no es tan claramente visible entre los cordados como entre los otros dos filos segmentados. Por ejemplo, entre los anélidos resulta claramente visible en el gusano de tierra; entre los artrópodos se ve fácilmente en el ciempiés. Sin embargo, aunque no claramente visible, existe en los cordados.

Incluso en el ser humano que parece exteriormente de una sola pieza, un minucioso examen de sus músculos, vasos sanguíneos y fibras nerviosas revela la existencia de segmentación. El sistema excretorio y reproductivo en el embrión del cordado -inclusive en el humano- muestra una indiscutible segmentación, si bien esto queda algo confuso debido a cambios secundarios producidos en el adulto.

Y esto lo pueden comprobar ustedes mismos palpando su columna vertebral. Cada vértebra representa un segmento. Esto queda más de relieve en el pecho, donde cada segmento no sólo posee una vértebra, sino también un par de costillas. (O miren el esqueleto de una gran serpiente si alguna vez tienen la oportunidad de ello; vean si ese ejemplo de construcción de esqueleto del cordado no les recuerda el de un ciempiés.)

Con esto acaba la marcha de los filos, lo cual aparece resumido en la Figura 2, en donde, de nuevo, las flechas no representan necesariamente líneas descendentes, sino la dirección de un mayor control del entorno, por lo tanto de un "progreso". Nadie pone en duda que los artrópodos y los cordados son los más desarrollados e importantes de los filos. Puede decirse, si se me permite que "dominan el mundo".

De hecho, su papel puede ser permanente, pues me pregunto si alguna vez se llegarán a formar nuevos filos. Desde luego, desde hace mucho tiempo no se ha formado ninguno nuevo.

La vida pudo empezar hace tres mil millones de años y probablemente pasó la mitad de su existencia en la forma unicelular. Con el trascendental descubrimiento de la multicelularidad pudo producirse una explosiva exploración de las diversas versiones de la multicelularidad. Para el tiempo en que aparecieron los primeros fósiles, los veintiún filos ya existían.

Hasta los cordados y artrópodos, los últimos en aparecer, ya existían en forma primitiva, al menos hace 600.000.000 de años. Desde entonces no se han formado nuevos filos.

¿Significa esto que la vida ha perdido su capacidad de perfección?

Desde luego que no.

Por un lado hay mucho espacio para posteriores progreso y refinamiento en los filos de los cordados y artrópodos. Por otro lado, si la marcha de los filos ha terminado puede obedecer a que se hayan agotado las potencialidades de la multicelularidad.

La vida puede estar preparándose para el paso más allá de los filos y a esto quiero referirme en mi siguiente artículo.


1 En los organismos multicelulares menos avanzados, grupos relativamente pequeños de células del organismo, si son desprendidas, pueden sobrevivir y constituir el núcleo de un nuevo organismo. Esto es «regeneración». Según los organismos multicelulares progresan en una especialización cada vez mayor, el poder de regeneración crece progresivamente menos.
2 Filo: En los sistemas filogenéticos, serie de organismos que se consideran originados unos de otros a partir de una misma forma fundamental. Filogenia: Parte de la biología que se ocupa de las relaciones de parentesco entre los distintos grupos de seres vivos.

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Actualización 12 de marzo de 2004

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